BARTOLO


BARTOLO

Se entendía con su gato: los muchos años pasados juntos habían hecho primero que se toleraran mutuamente para luego ir avanzando en esa amistad que lo maravillaba especialmente a él, el comentario de cuanta visita iba a la casa y era testigo de la deferencia del uno con el otro y las expresiones de cariño que tenían ambos, Bartolo para con él y él para con Bartolo.

 

Le había puesto Bartolo porque el gato era remolón, dormidor y macho; si hubiera sido hembra, le hubiera puesto Bartola.

 

Bartolo llenaba sus días, hacía especialmente hogareñas las tardes frías y lluviosas con su presencia silenciosa y acomodado en la cama, acompañaba con su sueño y su casi imperceptible respiración la tranquilidad de la noche.

 

Fue comentado por vecinos el que ni Bartolo ni él aparecieran, hasta que forzaron la puerta y los encontraron en cama, juntos, abrazados y dormidos para siempre.

 

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