LA PRESENCIA


LA PRESENCIA

Mi esposa e hija salieron: la primera a una reunión y la otra a su trabajo; sin embargo creo que siento, desde que se fueron, a pesar de saber que estoy solo, como una presencia en la casa.

 

Mientras escribo esto, sé que hay algo que contra su voluntad está aquí, cerca de la habitación-escritorio donde me encuentro trabajando y que en la oscuridad que la envuelve pugna por ver, pero no puede hacerlo y no sé bien si acepta resignada el cautiverio o, si esto es posible, tiene miedo de él y de la oscuridad.

 

Al venir a almorzar, antes de volver a trabajar, Paloma nos advirtió que el basurero de su cuarto estaba cerca de la puerta de este, puesto de cabeza porque ahí, debajo, se hallaba atrapada una polilla gigante que antes estuvo entre el vidrio y la cortina de su habitación.

 

Ahora, veo el basurero puesto boca abajo, sé que allí, encerrada, debe estar la polilla, pero no me atrevo a ver; finalmente, pienso que su presencia, tal vez su miedo o desconcierto flotan en el ambiente y eso que son las 3.45 de la tarde.