Insomnio con guayabo de país.


Rosa María y sus monstruos


Volví …

Tres y media de la mañana, quizás la enfermedad de Junior mi perrito y reavivar la muerte de príncipe me tiene triste, además de todo lo que ya saben que sucede acá en mi país en donde todavía me encuentro. Las redes sociales se han vuelto un vertedero de basura dónde muchos llegan a mostrar carencias y necesidades, sobre todo la falta de educación y respeto.

La situación desalienta, por lo menos desde ayer nuestros adultos mayores pensionados han sido noticia y no buenas, cuánto maltrato, cuanta humillación, muchos de ellos no saben utilizar el internet, una computadora, no ven y no tienen a nadie que le haga todos los días las transferencias. Con esta “crisis” de efectivo cuesta mucho conseguir los bienes económicos, la verdad es doloroso ver a nuestros adultos mayores, viejitos y cansados en una cola para cobrar lo que luego apenas le alcanzará para…

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HISTORIAS DE SOL


HISTORIAS DE SOL 

El sol era una historia porque nunca aparecía…

 

A los niños les contaban los mayores cómo era el mundo “antes”, relatando lo que habían escuchado de sus propios padres y abuelos que a su vez lo habían oído de los suyos y así por generaciones hacia atrás hasta perderse en la noche de los tiempos: una noche que era tan oscura como la que reinaba siempre.

 

Le llamaban noche por costumbre y sabían, aunque por referencias, que había existido el día, que el sol iluminaba y hacía crecer plantas, pero todo eran historias porque el suelo era de aluminio y en realidad, en un mundo de ciegos, la luz no importaba.

Imagen: http://www.youtube.com

EL OTOÑO HA EMPEZADO…


EL OTOÑO HA EMPEZADO

Empieza otoño y en otros sitios los árboles se tiñen de rojo, de dorado, las hojas caen, se secan y el viento sopla haciendo remolinos…

 

Aquí, en Lima, el cambio de estación es una fecha y todo sigue igual, gris y monótono en una ciudad donde la lluvia es un suceso, la nieve y el granizo no existen y en el verano el sol barre las nubes, que en invierno nos parecían sempiternas para dorar los cuerpos en las playas y hacer que cabrillee el mar.

 

La primavera es un tránsito breve que sí es una realidad en Trujillo, la ciudad que se ufana de tenerla perenne; las estaciones del año en mi ciudad, son unas convenciones porque lo único que realmente existe es un invierno y un verano suaves, pequeños: inviernito y veranito limeños…, sin embargo nosotros nos morimos de frío o sudamos al sol.

 

Imagen: oggisioggino.wordpress.com

RUEDAS


RUEDAS

La rueda, ese invento del hombre que hizo posible el transportar y transportarse más rápidamente y sin tener que arrastrar o caminar, ha puntuado mi historia: de niño tuve patinete, triciclo, patines, bicicleta y después automóviles; nunca motocicleta.

 

Ruedas que me llevaron primero por la terraza de la casa de la calle Ayacucho, después por el Parque Municipal de Barranco y luego más lejos, por el malecón y las calles del mismo distrito.

 

Claro que primero fue el patinete, que recuerdo de madera, pintado de azul con rojo y que circunscribía su acción a la terraza, los triciclos fueron dos, uno de madera pintado con los mismas colores del patinete y otro que vino posteriormente (un par de años “más viejo”) de metal tubular, azul oscuro con blanco y lo más parecido a una bicicleta, esa “Hércules” azul, pequeña,  que me enseñó a montar mi amigo Eduardo.

 

Después crecí y las bicicletas que mis padres me compraron, que si mal no recuerdo fueron dos, siempre “Hércules”, una azul y la última negra, también crecieron…

 

El asunto es que los patines “Winchester” nunca pudieron con mi poca habilidad para mantener el equilibrio y el piso de losetas de la terraza fue testigo y receptor de mis innumerables caídas, que me hicieron abandonarlos: nula habilidad equilibrista, inestabilidad e impericia triunfaron en una época en la cual patinar era lo más normal y se inauguraba una pista de patinaje en el Parque Salazar de Miraflores (mucho antes que volviese la “moda” con los nuevos patines de botín, con las ruedas en línea y “tecnología de avanzada”).

 

Las bicicletas marcaron una adolescencia primera con la libertad de salir de casa, explorar y llegar “lejísimos” hasta una playa del sur, con los amigos de siempre, yendo en fila india por la carretera para llegar a destino, bañarnos, fotografiar, en blanco y negro por supuesto, nuestra “excursión” con la Kodak Brownie de plástico metalizado, bañarnos en un mar bravo (creo que era la playa “Conchán”) y volver para llegar cansadísimos pero con la sonrisa de los aventureros triunfadores.

 

Ahora al viejo patinete le llaman “scooter”, término gringamente elegante, es de metal y hasta en algunos casos lleva motor; sin embargo yo siempre preferí “movilizarme” sentado, sostenido por tres ruedas o dos y finalmente cuatro: ni el viejo patinete de madera ni los patines, por más “Winchester” que fueran, me llegaron a gustar, a pesar de entusiasmos iniciales.

 

Después, las cuatro ruedas de los automóviles que fueron desde las de un MG inglés, descapotable de color rojo  (y dos carburadores “de botella”) hasta las de un Hyundai Scoupe (supongo que la abreviatura comercial y automovilística de sport coupe) curiosamente (¿será una fijación?) también rojo, pasando por las de otro MG, un Toyota, un Peugeot, un Dodge y un “Ford Mustang”, para variar de color rojo me llevaron a todas partes, fielmente, hasta que hace más o menos diez años dejé de manejar…

 

Tal vez termine mi vida en una silla de ruedas, pero quisiera que tenga dos ruedas grandes y dos chiquitas: cuatro.

 

 

Imagen: ortopediacanina.com

 

 

 

 

 

 

 

 

DAYANA


DAYANA

Nunca se le había ocurrido saber de dónde venía su nombre; simplemente se llamaba Dayana así como sus amigas eran Margarita, María o Elvira.

 

Nunca se enteraría que en realidad llevaba el nombre de una canción que le gustó a su mamá que había muerto cuando el ómnibus en el que iba a Lima se desbarrancó en el camino lleno de curvas peligrosas; la canción la cantaba un muchacho canadiense que se llamaba Paul y sonaba fuerte en la radio antes que ella naciera.

 

No se podría enterar porque la canción en inglés que hablaba de Dayana, en realidad el nombre que repetía era Diana, pero alguien que no entendía otro idioma que el castellano escuchaba Dayana, porque Paul Anka lo decía en inglés: Dayana suena, Dai-Ana, pero es Diana…

 

Claro, tampoco sabría que Dayana es el nombre de la diosa latina de la fertilidad y Diana el de la diosa romana de la caza.

 

 

Imagen: betanews.com

ENCUENTROS CERCANOS CON UN MAL TIPO


ENCUENTROS CERCANOS CON UN MAL IPO

Como en la película de Spielberg, tengo un encuentro cercano y este lo es tanto que le doy con los dedos, solo que en lugar del tercer, es con un tipo que a mí se me antoja malo: Inteligencia Artificial son sus apellidos y su nombre es Maldita.

 

No tengo nada contra el género, pero se da el caso que en español sus apellidos son femeninos lo mismo que su patronímico, o sea que en el título debí poner quizá, “mala tipa” y ahora me doy cuenta que suena peor.

 

Esta es una especie de Inteligencia Artificial primaria: nada inteligente y bastante artificial; se trata, por supuesto del auto corrector (“auto” significa “a sí mismo”, pero me corrige a MÍ y a TÍ…) que mi “celular inteligente” o “Smart phone” tiene, como el que tienes tú y lo de “Smart” debe ser por Maxwell Smart, el Súper Agente 86, por las chapuzas, digo…

 

Todo el que tenga uno de estos (o sea casi todo el mundo con celular) sabe a qué me refiero y es correligionario en este extendido culto que se auto flagela y hace penitencias varias a punta de dedo y “auto correcciones”; no creo que haya nada más desesperante que un auto corrector inteligente de celular ídem  (inteligente)…

 

Si la palabra que escribes no está en la memoria de este auto corrector, te podrá otra –que no tiene nada que ver- o te completará lo que estás escribiendo para poner de pronto algo correcto o las más veces una pachotada…

 

Lo que se supone debía ser un alivio para el escribiente es en realidad un martirio y a eso hay que sumarle las pantallas táctiles, que hacen que oprimas la letra o número que no es o que ajustes inadvertidamente dos teclas virtuales con resultados curiosamente novedosos; si no reparas en lo que escribes y envías sin efectuar una previa revisión y corrección propia, puedes estar enviando un galimatías, una estupidez o algo peor.

 

Francamente, creo que los problemas del ser humano recién han empezado con lo que a Inteligencia Artificial se refiere y lo digo por experiencia personal; ahora hay edificios inteligentes y hasta cafeteras inteligentes, pero me parece que lo que hace falta son seres humanos inteligentes, de esos que usaban el teléfono para llamar y ser llamados o los sobres para enviar cartas que ponían en un buzón de correos (con sus estampillas más)…

 

No es que sea un viejo que abomina de la tecnología, pero a veces la tecnología parece hecha por y para el Abominable Hombre de la Nieves: sí, el mismísimo Yeti.

 

Nota: los problemas de género que en este artículo encuentren son únicamente producto mío, porque “smart” puede ser femenino o masculino; “inteligencia”  es femenino; “artificial” no tiene sexo y “auto corrector” es masculino: todo un batiburrillo del que me reconozco culpable.

¿Desactivamos el auto corrector?

 

Imagen: http://www.semana.com