OCULTAR LA EVIDENCIA


OCULTAR LA EVIDENCIA

No lo podía evitar: su rostro delataba todo lo que le estuviera sucediendo por más que tratara de evitarlo.

 

Era una especie de semáforo donde el rojo se encendía fácilmente por la vergüenza o el azoro, los ojos se abrían incrédulos, se levantaban las dos cejas o solo una; la boca se contraía, sonreía o emitía un silencioso “¡no…!”…

 

Siempre, los demás le llevaban ventaja y no podía ocultar nada; tal vez por eso decidió usar una máscara que siempre sonreía.

 

Imagen: es.aliexpress.com