3,700 & COUNTING…


 

3,....

Abrumadoramente abrumante: casi 3,800 correos electrónicos sin leer y estoy seguro que cuando acabe de escribir este post la cifra habrá subido…

 

Quisiera pedir disculpas a todos los que envían sus e-mails, a los que dan “me gusta” o comentan mis entradas en este blog desde el lunes  y en “eltigredepapel” que es un poco más esporádico; sucede que escribir y leer en la computadora no me fue técnicamente posible por varios días y el celular con su pantalla táctil y mi impericia (por llamarla de alguna misericordiosa manera) hacen que responder sea lo que llamarían “un parto traverso”.

 

Leo allí para ver si no hay nada excesivamente urgente que requiera mi inmediata participación y lo uso en realidad para lo que fue primitivamente diseñado: escuchar y hablar; confieso que a veces utilizo Whatsapp o veo algunas noticias en el aparatito, pero en general soy de teclado grande y pantalla ídem por el tema de la mala visión y la ya mencionada impericia.

 

Escribo, sí en mi renovada computadora, pero entre volver a poner lo que usaba (formatearla, pues), escribir para el sitio web (que me paga) y hacerlo para mis dos blogs  (gratis nomás) el tiempo vuela, el cansancio cunde y a veces es bueno ir al baño, comer y dormir….

 

No se molesten por favor, pero voy a borrar sin leer lo que no sea urgente, imprescindible e impajaritablemente necesario este sábado, para empezar el lunes a leer desde “0” los posts que tienen la bondad de enviar siempre.

 

Gracias por leer, por escribir y por tenerme paciencia.

Prometo leer, contestar o comentar algo y ser buena persona.

 

Eso, desde el lunes.

 

¡Abrazo a tod@s!

 

Manolo.

 

(Ya hay 3,750 mensajes…)

 

Imagen: blog.esimparable.com

(no soy yo, pero la imagen lo dice todo)

EL REY DE LOS ROBOTS


EL REY DE LOS ROBOTS

El yeso de la pierna terminaba en una bota pesada del mismo material, que dejaba al descubierto los dedos del pie; el yeso le impedía caminar y se aburría mirando series en la televisión, sentado en un sillón, con la pierna enyesada estirada y reposando en dos banquetas que su mamá le acomodaba para que la pierna estuviese apoyada y no en el aire porque pensaba que era la única manera de no “forzar” la pierna, aunque el doctor le había dicho que el yeso era bien fuerte y si el chico quería, podía caminar usando una muleta después de un tiempo.

 

Treja su mamá, no compró la muleta y decidió que Tomás no caminaría sino ayudado por ella, que lo cuidaba tanto: “¡Faltaba más…! Los médicos serán médicos, pero yo soy mamá y este es mi único hijo…”, pensaba la señora.

 

Enyesado, casi inmóvil, aburrido, con una mamá alerta todo el tiempo y con siete años, Tomás soñaba con robots y ahora se sentía casi uno, con su pierna tiesa y el yeso con la decoración de firmas, dibujitos y stickers que parientes y amigos dejaban en sus visitas…

 

Si quería orinar, su mamá lo ayudaba hasta llegar al baño y lo esperaba afuera, con la puerta entornada, no se fuera a caer; desayunaba, almorzaba y comía sentado en el sillón y por la noche su mamá era quien se encargaba de acostarlo y arroparlo abrigándolo, porque ella tenía frío; soñaba con robots también dormido y se veía convertido en uno con las dos piernas tiesas: era el rey de los robots y todos hacían siempre lo que él quería…

 

Tiempo después, un día despertó y su mamá le dijo que irían al médico; pensó entusiasmado que le diría al doctor para que le enyesaran la otra pierna, ser un robot completo, de veras y caminar como ellos lo hacían.

 

Cuando en la clínica dijeron tras un examen que cortarían para quitarle el yeso, la mamá sonrió y él supo que no sería nunca más un robot, ni siquiera a medias, que no sería rey y que ni su mamá haría lo que él quisiera; triste, pidió poder llevarse el yeso y cuando le dijeron que no, que era basura, pensó que se iba allí su pasado de medio-robot.

 

Imagen: http://www.cnet.com