CHICA VERANO


CHICA VERANO

La hormiga caminaba por el borde y para ella era algo rutinario: su camino hasta la bolsa de azúcar abierta era marcado por otras, que en fila, ordenadamente, iban y venían recogiendo y transportando los cristales; cuando Estela se dio cuenta y siguió con la vista las filas negras que en movimiento indicaban la presencia de comida, llegó hasta la alacena cerrada bajo cuya puerta desaparecían y volvían a aparecer las invasoras.

 

Su primera reacción fue maldecir en voz alta, pero se dio cuenta que no había nadie, estaba sola y que ella tenía la culpa: Rogelio se había ido la noche anterior, definitivamente, después de dos años tormentosos.

 

Abrió la alacena y con asco y cuidado cogió la bolsa de azúcar, la encerró en otra de plástico negro para botarla a la basura y buscó el spray insecticida: en el anaquel de abajo, lo único que había era un sobre de algún polvo y una nota de Rogelio que decía: “Chau, te dejo a las hormigas y un sobre de “Chica Verano”, las odia tanto como tú. Sigue las instrucciones y prepáralo, yo ya no estoy para ayudarte.

 

Era un insecticida de nombre curioso y ella se acordó que Rogelio la llamaba así: “Mi chica verano”; sonrió un instante y dejó de hacerlo; ¿Era por cariño o porque ella siempre había tenido tema con las hormigas?

 

Foto: Envase de “Chica Verano”.