HAY POSTES EN LA VIDA…


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Caminaba con la cabeza baja y sumido en sus pensamientos; tanta era su distracción que no vio el poste de luz y chocó con él, reaccionando, pensó que tal vez habría cosas peores y que en el fondo valía más que se diera cuenta.

 

Era de día y la luz del poste estaba apagada, pero la realidad funcionó como luz: en verdad fue como un fogonazo brillante que no duró nada pero lo iluminó para comprender que si seguía distraído lo iban a atropellar cruzando la avenida y francamente prefería ser alguien vivo, con problemas, que un pedazo de carne cubierto con periódicos.

 

 

 

Imagen: www. tropezón.cl