LLEGAN LOS MARTES


HOJA CALENDARIO

No sabría decir exactamente de qué manera se había enterado: solamente lo supo y asumió que así pasaría en adelante y que antes también había sucedido pero él no estaba enterado y como no se le había ocurrido hasta esa madrugada…

 

Apenas se preparó un café y excitado, buscó un block grande que tenía, para dibujo, con las hojas de papel medianamente grueso y en blanco y con un lápiz de color azul, escribió con letras mayúsculas: “LLEGAN LOS MARTES”; desprendió la hoja y con cuatro chinchetas la puso en la puerta de madera de su ropero, debajo de la imagen de la Virgen, asegurándose que cada esquina quedara bien fijada; retrocedió un poco para apreciar lo que había hecho y luego buscó un calendario, de esos que mostraban cada mes y marcó con una equis, esta vez con lápiz rojo, ese mismo día, que era martes.

 

Hacer esa primera marca lo llenó de satisfacción y sonrió: no tenía la seguridad de que fuera el único en saberlo, pero se sentía importante, como aquellos que se saben depositarios de información privilegiada: sabía que llegaban los martes y que él marcaría cada uno de esos días, conforme se sucedieran, con una equis roja.

 

Los marcianos llegaban cada martes: no le importaba cuántos ni a dónde, porque no había soñado eso; lo que sí, es que no se lo contaría a ninguna persona, pero se fijaría si alguien daba muestras de saberlo también, para así, disimuladamente, ir formando una red, por si acaso.

 

 

 

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