SE FUERON


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El viento hace volar papeles amarillentos por el sol  en las calles y silba en alambres que no llevan ni traen los mensajes; el viento, dueño y señor del pueblo que ahora es casas vacías, medio derruidas con ventanas que miran al vacío y parecen muelas sobrevivientes de una antigua dentadura, cariada e imaginaria; ese viento no es que sepa de horarios pero en las noches, calla y descansa.

 

Ese mismo viento antes fue mensajero de cantos, balidos, música y todo lo que suena cuando la vida es una sucesión de días; ahora solamente sabe silbar esa triste y extraña melodía que se produce cuando todos se han ido.

 

La soledad y el viento, compañeros de un sol que no calienta, se han quedado; lo demás, como los choclos grandes, se desgranó y terminó acabándose, agua que se evapora y se convierte en nube, que el viento, siempre el viento, se lleva tras los cerros azules.

 

 

 

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