EL QUE SABE, SABE.


Aunque este post tiene su tiempo (cronológicamente hablando), su vigencia para el presente y el futuro es decisiva. Yo tampoco tengo nada en contra de aprender, pero nada, nunca, reemplazará a la creatividad; si no la hay, estamos ante un “tunde teclas” y no un escritor.

 

a través de No hagan caso de los talleres literarios.

PRESENCIA DE TONY.


TONY EN LA PLAYA EN TRAJE DE BAÑO.

Si no me equivoco hay un cuento que se llama “Presencia de Inés” y recordé el título (aunque no me acuerde del autor, ni cuándo lo leí) al empezar a escribir este post, que subiré el viernes a “manologo”; estoy escuchando el Nocturno Opus 9. Número 2, de Chopin en una ejecución magistral del pianista lituano Vadim Chaimovich, que encontré en Youtube.

 

(https://www.youtube.com/watch?v=OvAQ0wdNFpM)

 

Dura 10 (diez) horas…; por supuesto que la pieza musical se repite una y otra vez, con un pequeñísimo intervalo entre cada una.

 

Puede parecer de locos o una tontería esto que hago, pero me siento como si fuera pequeño y mi madre hubiera puesto en el tocadiscos el disco de 33 rpm de funda azul celeste que tiene bandas negras, sobre las que está escrito, en inglés, con letras amarillas, lo que yo no sé leer aún…

 

 

Es que al encontrar esta versión repetida una y otra vez del tema favorito de Tony, que tocaba el piano aprendido de chica y nunca tuvimos en casa, decidí que sonara en la computadora el tiempo completo, mientras yo escribía, almorzábamos con Alicia y Paloma, lavaba la vajilla que usamos, regresaba a escribir, respondía correos y esperábamos que llegara Alicia María con la nieta Miranda para una visita que será reunión de familia.

 

Es mi manera de recordar a Tony, de tenerla presente, de que esté aquí, en mi memoria y en la música durante mucho tiempo; ahora ya sé que cada vez que coja uno de sus álbumes con fotografías de los años que ya se fueron, tomadas por mi padre, por mis tíos o por algún fotógrafo ocasional, donde hay personas que no tienen nombre para mí, porque se fue la memoria de todo, que era mi madre y se llevó con ella esos nombres que correspondían a quienes rieron, jugaron carnavales, se disfrazaron, fueron de excursión, viajaron a Tingo o estuvieron en Trujillo, vivieron en el Cusco y posaron para un lente que los perennizara…

 

Ahora escribo porque sé que tengo que hacerlo, como un pequeño homenaje de cariño con música de fondo, para esa mujer de la que aprendí tanto; que junto con mi padre me guiaron poniéndome en camino para después dejarme andar solo, asumiendo los errores y aciertos de la vida, observándome con amor mientras vivieron.

 

Podría escribir más, pero sé que no debo ser extenso, porque si alguien lee esto, lo cansaría y al fin, lo que menos quisiera es que suceda.

 

Seguiré con las cosas habituales, leeré, vendrá la hija mayor con la nieta menor; de fondo siempre estará Chopin y sentiré que Tony está aquí, acompañándonos.