CAFÉ Y SÁNGUCHES.


microfono (1)

 La plaza se iba llenando y la gente se agolpaba para escuchar al candidato, el de verbo encendido y ademanes enérgicos; su voz estentórea era convenientemente amplificada por unos parlantes que ocultos entre las ramas de los árboles daban la sensación de tenerlo cerca aunque se estuviera por los bordes.

 

El estrado decorado con banderas estaba diseñado como un podio, desde donde solo el candidato, iluminado por reflectores, podía dirigirse a la multitud.

 

Juan era un acérrimo admirador, que iba a todas las concentraciones, aplaudía, lanzaba vítores y gritaba hasta enronquecer; Juan estaba agradecido, votaría por él y estaba en plan de convencer a sus vecinos de barrio.

 

Juan vendía café  y sánguches: el café lo servía calentito desde un termo a vasitos de plástico y cada uno de los sánguches venía en una bolsa plástica; de regalo daba una servilleta de papel con el logotipo del candidato y su número, impresos en una esquina, que le daban en el local de la campaña, gratis. El café costaba cincuenta centavos y el combo un sol.

 

Si alguien quería solamente el sánguche, el precio (para animar la venta de los combos) subía a dos soles; su estrategia funcionaba y en cada mitin, de los que tenía una lista que había copiado de la cartelera que estaba en el local de campaña, vendía por lo menos tres termos (los de repuesto y sánguches adicionales, por si faltaran, eran llevados por su hijo, el chico que estaba siempre junto a él, con un maletín grande) y hacía negocio, que combinaba con su trabajo de vendedor ambulante y tempranero reciclador.

 

Cuando hablaba del candidato, no escatimaba elogios, relatando sus virtudes y amor por los pobres; daría trabajo a los que no lo tenían y haría del país un gran país…

 

Él era el mejor ejemplo, pensaba, porque los mítines del candidato le permitían hacer un negocito que aumentaba su ingreso y si ahora era así, después sería mejor; además, en el local del candidato, le daban cinco soles por cada uno que llevara y firmara la lista de adherentes…

 

Eso era hacer patria… ¡Que viva el candidato, carajo!