Venezuela, sigues siendo nuestra


DONDE QUIERA QUE ESTÉN…

Mi café y yo.

Amo a mi país, a sus ciudadanos, bendigo la tierra que piso, bendigo las flores, bendigo cada lugar que visito, bendigo a la tierra que me vio nacer en sus cuatro puntos cardinales, bendigo cada persona que llevo en mi corazón, bendigo mis propiedades, bendigo lo que no es mío, al final nacemos desnudos y nos iremos sin nada, sólo con la idea de que el viaje se nos dio bien. Eso es lo que hay que procurar. Venezuela sigue siendo de los venezolanos, sean emigrantes o no. Cada quien elige su destino. El plan maestro es de la Divinidad. Dios sabrá que nos toca. Tengo fe en que esto pasará. Todo pasa, todo. Las lágrimas siempre quedan atrás. Venezuela, sigue siendo nuestra de todos los venezolanos, en donde quiera que estén. En el pecho la llevamos. Venezuela, no llores más, deja de llorar. El Cielo, oirá nuestras plegarias. El…

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¿Estas consumiendo Basura en Internet?


PARA PENSAR…

El Entierro Marino

El internet es la realización de un sueño embrionario de la ciencia ficción; la intercomunicación plena y absoluta de todos los sentidos del hombre con todos los hombres. Tratar de explicar este tan simple concepto a las generaciones anteriores a su creación es como explicar francés a un mono, los hijos de este siglo, y los que nacieron en la orilla del anterior crecieron entre monitores, circuitos e información viajando a velocidad de bala.

El internet es tan omnipresente que olvidamos a veces cuales eran sus verdaderos fines, y es que el acceso casi completo ha dado un resultado que ha terminado por confundirnos, las voluntades del hombres se van perdiendo entre la inmensa, escalofriantemente gigante maraña de información; todo está a nuestra disposición es cierto, pero cuanto de este poder utilizamos con responsabilidad, con un fin particular, como algo verdaderamente satisfactorio que resulte en una buena inversión de tiempo.

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SALVADOR.


niño enojado - www.imagui.com

La madre llamaba: “¡Salvadoooooorrrrr…..! y todo era “Salvador  por aquí, Salvador por allá…”; siempre órdenes, gritos, amonestaciones que comenzaban con un “¡Salvador, te he dicho…!”; una señora, amiga de la familia, le dijo un día que llevando ese nombre tenía una gran responsabilidad…

 

El niño, cansado, se dijo al fin: “¡Que los salve otro!”, y se fue de la casa.

 

 

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