CHEVALIER.


CHEVALIER

Había cosas que la gente importante tenía y él quería ser importante, pero la mayoría de esas cosas eran sumamente caras y no tenía dinero, por lo menos no lo suficiente.

 

Tras mucho pensar y analizar, encontró que un anillo podía ser el que lo hiciera sentirse importante y que los demás lo consideraran así.

 

Empeñó algo de lo que tenía y reunió el dinero necesario para comprar, en la joyería del barrio, un anillo: “chevalier”, le dijeron que se llamaba y que traducido al castellano significaba “caballero”; le pareció una señal del destino porque el anillo lo identificaría con un caballero, alguien importante…

 

Cuando salió del establecimiento con el anillo puesto en el dedo meñique de su mano derecha, lo miró y la piedra, que estaba engastada en una especie de coronita sobresaliente, destelló con reflejos su pretendida condición de rubí.

 

Orgulloso, se miraba la mano e imaginaba que a partir de ahora le reconocerían su calidad de caballero importante con solo ver el anillo.

 

Lo que no sabía es que el oro era bronce dorado y la piedra roja un vidrio facetado; no lo supo hasta que una necesidad urgente le llevó a empeñar su símbolo de importancia y después de examinar el “chevalier” se lo dijeron, devolviéndoselo; salió de la casa de empeños sin el dinero que necesitaba y con el anillo otra vez puesto en el dedo meñique de la mano derecha; al verlo brillar al sol, pensó que si él había creído, podía hacer creer a los demás que era un importante caballero, porque el anillo “pegaba su gatazo*”.

 

*Coloquial: se dice de aquello que parece pero no es; algo “de buen ver”.

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