OTRA VIDA.


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NO HAY NAVIDAD SIN JESÚS.


 

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La Navidad asomaba a las ventanas con sus barbas blancas, nieve, orejeras y pinos decorados; vestía ropa de abrigo color rojo y se veía también un trineo tirado por renos que miraban desconcertados, cargado de paquetes envueltos en papel de regalo.

 

El problema era que en ese pueblo, en medio de un desierto donde nunca llovía y hacía un calor asfixiante, la incongruencia resultaba tremenda y el viejo no entendía, mientras una Virgen y san José esperaban a un niño dios que esa noche llenaría el espacio vacío con su luz.