JARDÍN.


FLORES

Le decían “jardín”: se apellidaba Flores, su mujer, Rosa, era Ramos y a su hija -casi por broma- le puso Margarita; vivía en la calle las Mimosas y su negocio era, por supuesto, una florería.

 

El problema era que sufría de algo que parecía un chiste o una incongruencia: el médico le dijo que era anosmia, es decir que había perdido el olfato.