MUÑECO DE TRAPO.


 El muñeco de trapo, descosido y sucio, miraba con su único ojo, que era una cuenta negra, hacia el cielo plomizo que lo cubría todo; había salido a la superficie, de entre la basura, porque los recicladores lo removían todo en busca de algo que pudiera venderse.

 

Recordaba otro cielo, plantas y un jardín que a siempre le pareció inmenso; recordaba que unas manos de niña lo llevaban del brazo y lo sentaban para tomar el té.

 

Recordaba que la niña dormía abrazando su cuerpo mientras que él velaba; el muñeco de trapo recordaba que alguna vez fue el rey de un mundo de juguete.

 

Aunque parezca extraño, una lágrima tibia fue humedeciendo el ojo de lo que un día fue muñeco, para irse después como se van los sueños.

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