GALLETITAS DE CANELA.


 

GALLETITAS DE CANELA

A ella se le salieron las lágrimas y él lo notó de inmediato; preguntó si había dicho algo inconveniente pero ella negó con la cabeza y le dijo: “Perdóneme, pero es que usted es la cuarta persona seguida de los que me refirieron en la compañía, que me dice que no me comprará un seguro y recién estoy empezando en esto…

 

Él pensó que los de la compañía de seguros eran unos hijos de puta y que le habían dado a ella los nombres de quienes definitivamente, por alguna razón, no querían una póliza y que esa era una manera de “probarla” a ver si se desalentaba.

 

Le ofreció un café y sin esperar respuesta, fue hasta la cocina para llenar dos tazas; junto con el azucarero y una cucharita, dos servilletas de papel y un plato donde puso galletitas de canela, hechas con harina integral, que sacó de una lata, lo llevó todo en una bandeja, para ponerla en la mesita baja de la sala, al lado de los sillones.

 

Tranquilícese y conversemos un poco…”, dijo él; ella sacó un pañuelo de la cartera y se limpió los ojos. Despacio, lo volvió a guardar, se sirvió dos cucharaditas de azúcar, revolvió y se llevó la taza a la boca mientras él tomaba el suyo sin endulzar.

 

Hubo un silencio un poco incómodo y luego ella le contó que hacía una semana había postulado al puesto de representante de seguros; la habían aceptado, pero había tenido unas charlas de información, junto con otros siete aspirantes y cuando terminó lo que ella llamaba su “período de inducción”, le dieron unos nombres y direcciones, diciéndole que por lo menos tenía que vender dos productos de la empresa en una semana: que no había podido concretar ninguna venta y que seguro le dirían que no servía…

 

Él la miró comprensivo, asintió y le alcanzó el plato con galletitas; “Así suelen hacer las compañías de ese tipo, para ver si los postulantes a vendedores funcionan con algo tan difícil de vender como los seguros, especialmente si son de vida, como el que me ha ofrecido”, dijo;  “Nadie piensa que se va a morir”, terminó.

 

Siguieron conversando, terminaron el café y solamente quedaron dos galletitas en el plato; “¿Puedo venir a visitarlo otra vez, no para venderle nada, sino para conversar nada más? Es el primero de los que he visitado que no me echó con cajas destempladas…

 

Cada mes ella iba a verlo y charlaban; el hombre mayor siempre estaba allí y nunca había nadie más salvo una empleada que le abría la puerta; una vez le llevó un paquete de galletitas de canela y así pasaron los meses hasta que un martes, la empleada abrió la puerta y le dijo: “Lo llevaron a la clínica hace dos días, pero me dejó este sobre para usted…” y le alcanzó un sobre blanco que tenía su nombre escrito con mayúsculas.

 

Me dijo que por nada le mencionara en qué clínica estaba…

 

Al salir de la casa abrió el sobre que tenía en la mano y dentro había un papel, con un cheque sujetado por un clip verde.

El cheque estaba a su nombre y la suma era grande; el papel, escrito también con letra de imprenta, decía:

 

“¡Hola!

             

Me van a llevar a la clínica y de pronto no nos veremos             más. Gracias por venir todas estas veces, por las galletitas que trajo y las conversaciones.

 

Discúlpeme por no comprar el seguro de vida que me ofreció en su primera visita; le pido por favor que no se ofenda, acepte el cheque adjunto y considere que es algo que ganó vendiendo seguros…

 

Le comento que sus visitas han sido lo mejor que me pasó, porque me demostraron que estaba vivo.

 

Un abrazo,

 

          Luis.

 

Ella guardó en su cartera el sobre con el papel, el cheque y el paquete de galletitas de canela que le había llevado.

 

 

 

 

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

12 comentarios en “GALLETITAS DE CANELA.”

  1. ¡Días….!
    Gracias de veras por tu comentario; a mí las historias largas no se me dan muy bien.
    Miau bajito de Pierce, que está muy débil.
    Solo toma líquidos. El veterinario la vio, aquí en casa y creo que en un par de días habrá que hacerla dormir, para que no sufra; hambre tiene, pero no puede comer porque casi no deglute y al tratar de masticar le suena la mandíbula y para de comer porque parece que le duele…
    Es un costalito de huesos…
    Que sea lo mejor.
    Manolo.

  2. Malas noticias, Pierce ha sido feliz viendo la ventana y descansando sobre tus piernas, que sea lo mejor. Le das una caricia de mi parte.

  3. Pierce lo agradece y sabe que le quieren…
    ¡Se irá una compañía amable y comprensiva…!
    Lo único que no quiero es que sufra, aunque como se calla y no se queja para nada, solo puedo adivinar…, pero lo veo en sus ojos y su pasividad; casi no baja del sillón más que para tomar agua y destomarla en su cajita con arena…

  4. En afecto les ayuda, mi gatito casi muere de un golpe, mucho afecto lo revivio. Abrazos y todo mi amor a Pierce.

  5. A veces el afecto no alcanza, cuando la naturaleza hace lo suyo y avanza.
    De todos modos, por poquito que ella pueda sentir, se lo damos…
    Pierce, callada, me mira y cuando le acaricio la cabeza y le digo que escribiste enviándole todo tu amor, me mira y estoy seguro que entiende.
    Abrazo,
    Manolo.

  6. Te comprendo y no tienes idea como, sucedió con nuestro perrito dalmata, nunca había traído un perro a mi cama y en esos días lo traje, me levantaba en las madrugadas a acariciarle y darle agua, hasta que una veterinaria dijo que era suficiente, que sufría mucho. Hace unas semanas sucedió con el gatito, pero tuve fe que los gatos tienen siete vidas, así que Dalí ya solo tiene seis y espero que las aproveche. Pierce me hará falta, era la única que puede mediar nuestras diferencias en relación a tanto genocidio que existe en tu blog. Un abrazo grande. Dale todo mi amor.

  7. Todavía Pierce está aquí, pero cada momento que pasa es un sufrimiento y me mira entendiendo que la quieres y queremos, pero como despidiéndose…
    Los que mueren en mi blog, son muertos de literatura y si ese morir lo uso como recurso, el que Pierce se vaya hará que tal vez (no lo sé de seguro) haya menos cadáveres en mis escritos…
    ¡Gran abrazo y una mirada que dice “¡comprendido!” de Pierce.

  8. Es que si vas a leer todo lo que se escribe… No sabes cómo me asombra la capacidad que tienen Mariajose y tú de escribir tanto, tan bien y en tantos sitios…
    ¡Qué no daría por tener esa capacidad…
    Creo que tiene ese sabor que la canela da… No es dulce ni amargo; es un sabor un poco “seco/amigable” diría yo.
    En mi caso, quise ser muchas cosas y terminé, hace casi cincuenta años, en la publicidad…
    ¡Beso!
    Manolo. 🙂

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