“A” DE AMIGO.


CON CARLOS BLANCAS AGOSTO 1986.

Nombrado Ministro de Justicia en 1986.

 

Con Carlos Blancas nos une una antigua y estrecha amistad, que empezó cuando teníamos 5 años, en el Colegio.

 

Desde entonces nuestros caminos corrieron lado a lado, aunque tomamos bifurcaciones diferentes: él se hizo abogado y merecedor de distinciones, honores y títulos; yo me dediqué a la publicidad y a veces a la consultoría política.

 

El 3 de este mes de octubre, su alma mater, la Pontificia Universidad Católica del Perú lo nombró  EX ALUMNO DISTINGUIDO, sumando así un importante reconocimiento a su ya larga lista de méritos.

 

Cuando Carlos me contó del reconocimiento días atrás y me pidió que escribiera su semblanza para la ceremonia, me sentí no solo honrado y agradecido, sino que encontré la oportunidad de decirles a muchos no solamente lo que le quiero, sino de contarles lo que pienso que es una maravillosa amistad.

 

Ese día no pude acompañarlo en persona y Lucho Peirano, nuestro amigo común, compañero de aventuras infantiles y vida, leyó lo que a continuación sigue.

 

Mis posts no suelen ser muy largos, pero creo que Carlos y la ocasión lo ameritan; ustedes sabrán disculpar la longitud.

 

 

 

“Si hubiera que poner un fondo musical a esta semblanza, sería el de la antigua serie de televisión “Misión Imposible”, porque tratar de hacer entrar en un máximo tan reducido de palabras lo que siento y pienso de mi amigo de hace sesenta y cinco años, Carlos Blancas, es como intentar meter la Biblia en las ciento cuarenta letras de un tweet.

 

El currículum vitae de Carlos tiene 5 páginas y allí están consignados cargos ejercidos, honores recibidos y  aquello que pueda resultar significativo para quien quiera revisarlo; pero lo que quiero transmitirles es que detrás de esa importante lista, está mi amigo.

 

No hay un orden en esto, me disculparán, porque los recuerdos van brotando y sé que si los quisiera poner agrupados cronológicamente, perderían la frescura que tienen.

 

Con Carlos compartimos momentos emocionantes, tristes y alegres; compartimos esos instantes en los que aparentemente no hacíamos nada y sin embargo nuestras imaginaciones volaban al unísono porque leíamos los mismos libros para chicos, Mompracem quedaba pasando la quebrada y éramos corsarios que oteaban el mar y el horizonte desde la terraza de mi casa.

 

Ese Carlos Blancas vivía en la calle Sánchez Carrión en Barranco, en una casa grande en la que había multitud de helechos, con sus papás doña Alicia y don Humberto; con Zoila, Pepe y María Alicia, sus hermanos y sus abuelos maternos, doña Mercedes y don Pedro.

 

, Ese  amigo al que tengo siempre presente, con el que jugábamos carnavales un día en su casa y otro en la mía; que tenía un envidiable sombrero de Daniel Boone, con cola de mapache y todo, que junto con una escopeta de dos cañones de juguete, eran regalo celebrado de Rosita, su tía, que vivía en los Estados Unidos.

 

Cómo no voy a decirles que Carlos fue desde chico una verdadera enciclopedia sobre Napoleón Bonaparte, al extremo que los amigos lo animábamos siempre, sin éxito ninguno, para que participara en el concurso radial “Helene Curtis pregunta por 64,000 soles” tan celebrado en esa época y que después pasó a la televisión…

 

Hemos ido juntos, de chicos, a los Baños de Barranco y a su  playa de piedras con puentes sobre el mar, glorietas y butifarras,  bajando por el acantilado en el funicular de la calle Domeyer.

 

Este amigo me dio la oportunidad de acompañarlo y trabajar con él cuando fue Ministro en las carteras de Trabajo y Justicia; es el amigo que fue presidente de un partido político, en el que nos inscribimos juntos cuando estábamos en tercero de media; el dirigente estudiantil colegial nacional, en un ARPES donde él era presidente y yo secretario de prensa y propaganda.

 

 

 

Hablar sobre Carlos Blancas el que ingresó con el primer puesto a la Pontificia Universidad Católica allá por 1965, el dirigente, el político, el abogado notable, el doctor en derecho, el diputado nacional, el magíster, el dos veces ministro, el profesor querido por todos sus alumnos, el conferencista, el que recibió la Orden del Trabajo, el autor de libros de su especialidad, el Miembro de Número de la Academia Iberoamericana de Trabajo  es hablar sobre lo que él ha ido construyendo con paciencia en su vida profesional; por supuesto que muchos otros títulos y honores se suman a este escueto recuento, pero, perdónenme, es de Carlos, el amigo de toda la vida de quien hablo y ese es su mejor título: amigo.

 

El amigo que no necesita de diplomas ni cargos; el amigo sencillo que siguió la carrera Derecho como una profesión, especializándose hasta ser una autoridad reconocida en Derecho del Trabajo para servir a quienes siendo más, son los más ignorados.

 

Finalmente, permítanme hacer mención al ángel tutelar de Carlos Blancas: su esposa Meche, que hoy nos acompaña en espíritu porque hace poco tiempo emprendió su viaje a los luceros y desde allí nos mira y sonríe orgullosa.

 

 No he usado las 800 palabras totalmente y estoy seguro que hay mucho más que es importante sobre Carlos y se queda de lado, pero es que de veras quiero que escuchen las palabras del amigo, que lo resume todo en un enorme abrazo.”

CARLOS BLANCAS foto por Jaime Andrade

3 de Octubre 2017 Ceremonia en la PUCP.

 

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