MUCHO CAFÉ.


 

GRANOS DE CAFÉ Y TAZA.

Al abuelo siempre lo dejaban solo en la mesa después de almorzar; tomaba lentamente su café mientras los demás iban presurosos a sus ocupaciones o simplemente desaparecían para evitar verse engarzados irremediablemente en una charla llena de “¿Te acuerdas…?”.

 

La única que se quedaba era su nieta, que no tomaba café y lo escuchaba arrobada.

 

Cuando sintió que se iba a morir, escribió trabajosamente en un papelito, lo metió en un sobre de los de manila usado, y con el bolígrafo lo rotuló: “PARA MI NIETA”; debajo de su almohada, el sobre durmió dos días, hasta que una mañana el viejo no despertó.

 

Al deshacer la cama, encontraron el sobre y se lo dieron a su única nieta, pensando que contenía algunos billetes; la chica sacó del sobre  el papelito que decía:

 

PREPARA MUCHO CAFÉ, PARA QUE NADIE TENGA QUE IRSE.

TE QUISO SIEMPRE,

TU ABUELO.”