CASTILLO DE ARENA.


CASTILLO DE ARENA

 

A Pedro Castillo le queda grande el título, porque creo que el maestro es quien enseña y guía, no el que solivianta y agita el puño.

 

La huelga de maestros ha hecho una pausa y volverán

a las aulas; ya no desde hoy lunes porque el oráculo Castillo ha dicho, primero que les tomará un día más a los maestros llegar a sus lugares y luego que se observará “un día de duelo nacional” por “los muertos de la huelga”.

 

Ellos mismos lo han dicho: dan un paso atrás para avanzar dos. Están adaptando la conocida frase “El tigre retrocede para saltar” y al coro de “¡Volveremos!” solo admiten tomarse un descanso para regresar a lo mismo.

 

Voces aliviadas y/o triunfales dicen que la huelga ha terminado, pero los maestros no lo admiten. Creo que el asunto es como si en una olla a presión se dejara escapar el vapor: no significa que lo que hay dentro se deje de cocer.

 

Es verdad que a los maestros se les debe mucho más de lo que se les puede dar y lo saben ellos mismos desde que su vocación los hace abrazar la carrera; ahora han conseguido avanzar en temas de importancia y eso es algo que no puede negarse, sin embargo no transigen en el tema de la evaluación y al parecer quieren ser ellos quienes determinen la forma en que esto debe hacerse. Creo que aspiran a ser juez y parte a la vez.

 

Demás está decir que el derecho a la huelga está amparado por la Constitución, sin embargo las imágenes de los maestros pegándoles a los policías, obstruyendo y llegando a impedir el tránsito vehicular, hostilizando a la prensa y lanzando diatribas contra todo títere con cabeza poco o ningún bien hacen a sus alumnos que ven esto en la televisión; se educa con el ejemplo y me pregunto si estos son ejemplos a seguir.

 

La educación es un derecho y nadie con más derecho a la educación que los niños que tienen mínimos recursos y necesitan de ella como el único medio para surgir en la vida; nadie tiene derecho a conculcar el derecho a la educación de los niños.

 

El problema no son los castillos de arena, porque el mar los barre finalmente; el verdadero problema son los que construyen estos castillos de arena.