¿CARGAMONTÓN?


 

 

CARGAMONTÓN

En el Perú estamos acostumbrándonos peligrosamente a hacer una institución de lo que antes se llamaba “el apanado”, es decir que todos se iban contra uno por razones a veces ciertas y otras desconocidas; otro nombre sería el de linchamiento, acto que supone una “voluntad popular” expresada por una “justicia por mano propia”.

 

Lo que habría que pensar es quien se beneficia de esto y quienes lo promueven, a veces al amparo de las sombras del anonimato.

 

No se trata de no denunciar irregularidades o errores, pero de allí a obtener réditos de esto y que no se busque las correcciones, hay un trecho muy largo.

 

Sin ninguna simpatía especial por la actual Ministra de Educación, el caso es que parecen querer traérsela abajo, que renuncie, por incompetente.

 

Definitivamente tiene responsabilidad política sobre lo que sucede en su cartera ministerial, porque ha sido colocada al frente para representar al poder ejecutivo allí y ejecutivo viene de ejecutar, es decir, hacer; parece que hay quienes quieren ejecutar, es decir acabar con la Ministra) políticamente.

 

De un tiempo a esta parte, todos los errores que comete el Ministerio de Educación (que son bastantes) son atribuidos a su ineficiencia para el cargo; se deslizó la imputación de corrupción por un supuesto aprovechamiento de su influencia porque su hijo había postulado a una beca oficial que finalmente no obtuvo por no reunir los requisitos, acusándosela después de haber ejecutado venganza desde su cargo de Ministra sobre empleados que habrían intervenido en el caso, despidiéndolos.

 

Parece que en el juego de bolos en que se ha convertido esto, tumbarse a ministros es el fin para debilitar al Ejecutivo. A veces el mismo Ejecutivo parece contribuir a que esto suceda, pero la “bola” es lanzada para lograr caídas que buscan demostrar que el poder que ostenta el Presidente y sus colaboradores cercanos en la tarea de gobernar, no depende de ellos ni de su actuar, sino de una “voluntad popular” que tiene segundas intenciones.

 

Por un lado, facciones magisteriales ejercen un derecho, el de la huelga, también con segundas intenciones. Aquí, cada uno parece estar llevando agua para su molino; esta especie de “fuenteovejuna” hace que pierda quien siempre paga el pato, que es la ciudadanía.

 

Peligroso “deporte” que traerá consecuencias nefastas para el Perú; consecuencias que ya hemos vivido y parecemos olvidar; n sé si somos un pueblo sin memoria o es que no aprendemos nada de la historia, la reciente en especial.

ACEI