LA HEDUKASION.


 

 

ESCUDO

Anda mal el tema de la educación en el Perú; bueno, es una de las muchas cosas que no funcionan o lo hacen deficientemente. Tanto, que a veces, cansados de llorar, los peruanos se ríen y toman a broma asuntos que son realmente serios, no solamente por el hecho en sí, sino porque son el síntoma de un desastre que se agrava desde hace algún tiempo.

 

Y el Gobierno, principal responsable de velar por los ciudadanos, su bienestar y educación, parece haber elegido el aniversario patrio para cometer dos desaguisados que han saltado de inmediato a la primera página de una prensa y provocado una tormenta de comentarios y “memes” en las redes sociales.

 

El primero, cometido nada menos que por el Ministerio de Educación, fue atribuirle a Simón lo que era de José: la frase usada en la Declaración de Independencia.

 

La ministra se avergonzó por tuiter, televisión y en prensa. Dijo que “el responsable” había sido cesado prontamente. Es decir, botaron a quien es producto de un viejo sistema educativo nefasto, paporretero y simplón en vez de ir a la raíz; digamos que es un caso de “matar al mensajero”.

 

Es cierto que las cosas como esta no se solucionan en un día, pero esta pequeña nota discordante debe llamar la atención para enfrentar y resolver.

 

Lo segundo es que en la página Web del Gobierno peruano (al parecer en una versión “beta” o de prueba) apareció el escudo nacional con un diseño digamos minimalista, que eliminaba los elementos que representan las riquezas de la nación en los tres reinos naturales: chau árbol, cornucopia y vicuña para mostrar una especie de reloj gráficamente sintetizado.

 

Hay huelgas (infiltradas o no) magisteriales; alumnos corren el riesgo de perder el año escolar por su causa; maestros intentan tomar un aeropuerto, queman llantas y protestan; en algunos lugares a los huelguistas les pagan su sueldo aun cuando no trabajen y mientras tanto, la educación… bien gracias.

 

Claro que es tarea de todos arreglar esto y no podemos permanecer impávidos ante lo que es evidentemente un desastre que se arrastra en el tiempo creciendo cada vez, pero –y me perdonan- quien debería dar el ejemplo, no puede equivocarse.

 

Hacer bromas es bueno, pero cuando el motivo de estas no es gracioso en el fondo…

 

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