SEBO Y PILTRAFA.


 

cortar-carne

Paraban juntos en el barrio: uno era gordo y bonachón, el otro bajito y esmirriado.

 

Los apodos nacieron a la vez al verlos siempre juntos; una especie del Gordo y el Flaco, pero con calle, que tenía como punto de encuentro la carnicería de la cuadra tres; quizá de ahí los sobrenombres.

 

Sebo y Piltrafa eran inseparables y cuando se trataba de ganarse unos cobres, ayudaban al carnicero en los mandados: iban juntos y como dos heraldos, hacían las entregas a en las casas donde ya se sabía, sin preguntar siquiera, que traían la compra.

 

Pero como unos cuantos cobres no alcanzaban, Sebo y Piltrafa actuaban por su cuenta, desvalijando por las noches casas bien alejadas, haciendo Sebo de campana y Piltrafa, aprovechando su tamaño pequeño y su flacura, deslizándose para sacar licuadoras, planchas o cualquier electrodoméstico pequeño, que vendían después, yendo por separado cada vez a los puestos de los revendedores de alguno de los muchos mercados donde, era sabido, comerciaban con las cosas robadas.

 

Pasó así mucho tiempo y siguieron ganándose un sencillo con el asunto cárnico, hasta que una noche, Piltrafa, que había penetrado en una casa, llamó a Sebo para que lo ayudara con un televisor, que resultaba muy grande para sacarlo en solitario.

 

Ya estaban ya en la puerta y se encendió una luz a la vez que un grito de “¡maten a los ladrones!” los congeló; sin saberlo, su primer robo “grande” lo habían intentado cometer en casa de la amante del carnicero, que despierto, gritaba.

Anuncios