AMERICAN BASICS.


 

AMERICAN BASICS

Soy americano, específicamente latinoamericano; más específicamente, peruano.

 

Los pijamas que tengo son marca “American Basics”, comprados en una gran tienda de origen chileno, en mi país; sin embargo en la etiqueta que llevan dice “Made in Bangladesh / Hecho en Bangladesh”; “globalización”, que le llaman.

 

He buscado un poco en Internet y me da la impresión que entre lo mucho de “American Basics” que hay y va desde un grupo musical hasta las menciones a diversas cosas básicas americanas (o sea típicamente norteamericanas, creo), no he encontrado la marca esta. Seguramente he buscado mal y ahí debe estar; posiblemente sea del propio establecimiento donde fue comprada, que tiene su casa matriz en Chile, repito y que puede mandar a confeccionar sus prendas en el lugar del mundo donde asegure precio bajo y calidad aceptable (esto último puede sonar mal, pero es que hay marcas cuyos productos fabricados vete tú a saber dónde, son de calidad deplorable).

 

Vuelvo otra vez: glo-ba-li-za-ción; una palabra redonda que hace que nos sintamos “ciudadanos del mundo” y parece borrar las fronteras que hay entre pobreza y riqueza; las vallas de los idiomas (y donde al parecer la lengua común es el inglés); nos da un aire “cosmopolita” y suficiente…

 

Lo que quiero decir es que a pesar de los nacionalismos, que son buenos cuando no son chauvinistas, el mundo es un tejido: todos estamos entrelazados. ¡El mundo es un pañuelo, vamos!

 

Claro que como siempre, las diferencias existen y unos producen, otros comercializan, otros compran y por supuesto algunos se llenan de dinero y otros con las justas ganan para comer.

 

Los productos que usamos (casi en todas partes, me atrevería a decir) vienen de diferentes lugares y algunos integran en sí partes de diversos orígenes. Si usted es curioso verá que su computadora puede ser una pequeña versión de las Naciones Unidas, por la diversidad de naciones que fabrican sus componentes. Y así tomamos leche neozelandesa, comemos fideos italianos, nuestra loción es francesa y las zapatillas que usamos son chinas (¿a las de levantarse no les decían antiguamente “chinelas”?); podríamos seguir casi hasta el infinito y nos encontraríamos lo que yo menciono en este post: las pijamas se compraron en una tienda de origen chileno, en el Perú y están hechas en Bangladesh.

MAPA - INDIA Y BANGLADESH

 

No sé si sabe que la República Popular de Bangladesh queda en Asia del sur, que está prácticamente rodeada por la India salvo una pequeña parte en la que colinda con Birmania; y queda cerca de China el Nepal y comparte el delta del río Ganges: desde allí vienen mis pijamas. ¿Se imaginaría el que la cosió que la prenda terminaría en el Perú? ¿Sabrá qué es el Perú y dónde queda?

 

Ahora, globalización me parece una palabra engañosa…

HUAMÁN.


RIENDO

 

Por un capítulo del estupendo programa de televisión que se llama “Tiempo de viaje” y que conduce mi amigo Rafo León, me enteré de algo que grafica maravillosamente varias cosas:

 

Primero, que muchas veces no sabemos lo que decimos.

 

Segundo, la importancia de conocer al menos, una segunda lengua, sobre todo si esta es hablada por multitud de personas… ¡en nuestro propio país!

 

Tercero, que el empleo que damos a las palabras (que no conocemos, pero usamos) y su intencionalidad, lo más probable es que estén totalmente equivocados.

 

Era  este un interesante capítulo donde aparecía Vilcashuamán, en Ayacucho, importante centro histórico que fue capital de la confederación Chanka, la que casi vence a los incas; este ha sido declarado patrimonio histórico nacional y a quien quiera saber más sobre Vilcashuamán -que es muchísimo lo que hay por conocer- le invito a un rápido y simple viaje vía Wikipedia.

vilcashuamanayacuchoperu

 

El tema es que huamán significa halcón y Vilcashuamán toma su nombre del Halcón Sagrado.

 

Como lo dije ya, muchas veces usamos una palabra sin conocerla y dándole un sentido distinto; aquí resulta que a alguien tonto se le suele llamar “huamán” “waman”- “¿estás huamán?–  con un sentido peyorativo (tal vez alusivo al insulto “huevón”) y que además parece aludir a los personajes serranos que en las grandes ciudades se despistan. No sé si esta palabra se usa exclusivamente en la costa y la selva peruanas, pero es probable que esté extendida por todo el territorio, sierra incluida.

 

El asunto es que a alguien, por decirle tonto, se le llama en realidad halcón. ¿Es un tema de discriminación mezclado con ignorancia…?

 

Lo siento,  sucede que la discriminación ES IGNORANTE, en el peor sentido de la palabra.

EL TÚNEL.


 

 TÚNEL

 Este post no tiene nada que ver con esa gran novela de Ernesto Sabato (sí, sin acento en la primera “a”) de la que me presto el título, ni tampoco es una victimización; es solamente que desde hace tiempo vivo viendo como si estuviera permanentemente en uno.

 

Se ríen de mí cuando digo que no veo bien y sin embargo señalo algo muy pequeño que está en el piso, como un clip, por ejemplo;  hacen bromas: “Dice que no ve nada bien y sin embargo… ¡mírenlo, como sería si viera…!”.

 

Claro, es difícil para quien no la sufre, tener la llamada “visión de túnel”, es decir, tener restringido el campo visual y mirar como si uno lo hiciese por un agujero: un túnel, precisamente, porque no hay visión periférica.

 

Lo que pasa es que “enfoco” al frente y si tengo fijos los ojos, veo a donde apuntan, pero no arriba, abajo o a los costados; si los muevo, desenfoco y tengo que esperar a que la nueva imagen se recomponga. Soy miope desde los 7 años y los dos infartos cerebrales que siguieron al primero (que me dejó ciego total por cuatro meses, más o menos y del que me recuperé –mal- poco a poco) disminuyeron aún más mi capacidad de visión.

 

Cuando me ven con anteojos, creen que los uso para mejorar este problema, pero en realidad me ayudan en algo con la miopía y explico a veces que no es cosa de los ojos, sino del cerebro; es el centro de la visión allí el que sufrió la pérdida (dicen que total) de neuronas por el accidente cerebro-vascular (ACV) y que la plasticidad de ése órgano maravilloso, que valoramos tan poco y que en realidad nos hace “ser”, restituyó en algo.

 

Cuando estudié anatomía en el colegio, me dijeron que las neuronas eran las únicas células que NO se recuperaban; sin embargo soy la prueba viviente (como otras muchas, estoy convencido) de lo contrario. En el primer examen -luego del ACV primigenio- al que me sometieron, mi zona occipital del cerebro, aparecía negra: sin neuronas. Claro, no veía absolutamente nada.

 

Pero contra lo que me habían dicho (y que yo no sabía) mi organismo fue recomponiéndose y en el cerebro “otras” neuronas, tomaron el trabajo que antes hacían las que murieron: comencé a ver. Primero luces y sombras, después esta visión de túnel, pero con la “borrosidad” del que es miope.

Sí, veo, pero mal. Lo que sucede, suelo decir, es que esas neuronas no son las especializadas originales y además… ¡son peruanas!, o sea que veo… mal. Pero ¡veo!

 

Por eso cuando me hacen bromas sobre esto y lo “bien” que veo, me río y pienso que es muy difícil de entender algo si uno no pasa por la experiencia. Bien dice el refrán que “nadie experimenta en cabeza ajena”… ; yo solamente agregaría un ¡NADIE! grande, para que se vea bien.