CATAFRACTO.


 

NIÑO RASCANDOSE LA CABEZA

Releyendo “La Traición de Roma” de Diego Posteguillo, encuentro nuevamente la palabra “catafracto” como el arma “secreta” del rey Antíoco III, que le hace ganar la sangrienta batalla contra el ejército egipcio compuesto por naturales y mercenarios griegos.

 

Para información de quienes como para mí la primera vez que la vi, la palabra más parecida tal vez sea “artefacto” (que no proviene del griego sino del latín) aquí hay una cita explicativa:

 

El catafracto (del griego κατάφρακτος, kataphraktós, palabra compuesta que quiere decir ‘totalmente’ —κατά— ‘cubierto, cerrado, protegido’ —φρακτός—; en latín: cataphractus) era una unidad de caballería pesada en la que tanto el jinete como el caballo portaban armadura. Si bien es cierto que su poder de choque era más que significativo y su invulnerabilidad casi total, adolecía de defectos notorios: tanto el jinete como el caballo se cansaban pronto, se movían más lentamente que otras caballerías y eran poco aptos para una lucha prolongada en el desierto.

Poseían una capacidad de maniobra mucho mayor que la de las indisciplinadas caballerías pesadas occidentales, que sólo tenían dos movimientos: la carga frontal y la de tomada (rebasando la línea enemiga). Los catafactos, que cargaban en formación más ordenada, podían efectuar ataques envolventes, por el flanco, cargas frontales e incluso hostigamiento, ya que en ciertos periodos se les dotó de armas ligeras.” (Wikipedia)

 

Es pues una palabra que designa a la combinación acorazada de jinete y caballo. Al parecer desde la antigüedad ya se conocían y se usaban, aún antes de la era de Antíoco III. Por lo que he leído eran lentos pero letales.

 

Desde la piedra arrojadiza hasta las bombas que se precian de ser “la madre” y “el padre” de todas las bombas, es terriblemente evidente que el ser humano ha ido encontrando siempre nuevas armas e inventado artilugios para provocar la muerte.

Lo malo es que piensa y sin sus inventos y descubrimientos es nada más que una especie inerme, porque ni garras tiene.

 

 

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