ZENITH TRANSOCEANIC.


 

 

ZENITH

Pasé unas vacaciones allá por el año 1953 o 54, no lo recuerdo bien; mi padre, ingeniero civil, trabajaba en Pacasmayo en algo que nunca me preocupé entonces por descubrir.

 

En mi memoria están grabadas la casa de madera en la que vivimos esos días, la refrigeradora a kerosene (que fue la primera que conocí) y el armario de la sala que se abría para dejar salir una cama.

 

Salíamos con mi madre a pasear por el parque e íbamos a la playa, donde  descubrí lo que ahora sé son pequeños moluscos y entonces llamaban la curiosidad de un niño citadino: las lapas, esos conitos calcáreos adheridos a las rocas y que para mi horror supe que se comían.

 

Un día, sentado sin hacer nada en las escaleras de la entrada, vi más allá lo que después resultó ser la calavera de un perro o de algo similar; es preciso decir que la casa quedaba, me parece, en las afueras, porque la calle era de tierra y cerca, me dijeron (seguramente para asustarme) quedaba “el cementerio de los chinos”; pensé entonces que veía una “calavera china”.

 

Interrumpió mis cavilaciones el paso de un toro que seguramente era llevado al matadero y no se me ocurrió mejor idea que extender mi pañuelo y agitarlo como si fuera una capa; por supuesto el animal no me hizo caso ninguno Después pensé que hubiera debido tener un trapo rojo (sin saber, por supuesto, que a los toros les llama la atención el movimiento de la capa, no el color, pero ya era tarde y mi vocación torera murió nada más nacer.

 

Nos alumbrábamos con lámparas a kerosene y mi padre, por las noches, encendía la gran radio portátil “Zenith Transoceanic”, que sacaba de su funda de cuero negro; extendía la antena y buscaba primero noticias y luego ponía música clásica. Digo que la radio era portátil porque se podía llevar de un lugar a otro, a pesar de su tamaño, gracias a las pilas que la alimentaban.

Resulta curioso, pero entonces aprendí a decir “la radio”, porque cada vez que preguntaba por “el radio”, mi padre me decía que el radio era un hueso y que seguramente me refería a “la radio”. Mi madre observaba estos incidentes y no decía nada, seguramente porque le alegraba que Manuel Enrique, que tenía y siempre tuvo faltas de ortografía al escribir, me corrigiera.

 

No es que recuerde mucho Pacasmayo, pero lo he considerado siempre como un lugar mágico, donde mis preocupaciones prácticamente no existían y estaban el mar, las lapas, la casa de madera, la refrigeradora a kerosene, el armario del que emergía una cama, la radio “Zenith Transoceanic” y sumamente importante, mi padre y mi madre

 

 

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

11 comentarios sobre “ZENITH TRANSOCEANIC.”

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