SI SE CALLA EL CANTOR…


 

 

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Cantaba para ganarse la vida.

 

Al principio le dio un poco de vergüenza y dudaba en hacerlo, pero el hambre apretaba más y la plaza fue su primer escenario.

Cantaba, sin acompañamiento ninguno, sin mirar mucho, mientras la gente se iba congregando a su alrededor, escuchándolo.

 

Le dejaban monedas en la gorra que él ponía sobre un banquito; esperaba un rato y entonaba otra canción. Algunos de sus oyentes se iban, pero apenas volvía a cantar, llegaban otros; las monedas volvían a caer y así, cantaba hasta quince canciones: en total, cada “función” duraba como una hora y media.

 

Alguien se le acercó un día y le dijo que mejor viniera tardecito, cuando la gente salía de las oficinas y regresaba a casa: tendría más público, le dijeron.

 

Cambió su rutina, que ya llevaba cinco días y llegó a la plaza, esa tarde, a las seis y media: era cierto, había más gente y en una “función” recolectó más que en los tres días anteriores juntos.

 

Decidió mudar de horario, pero no contaba con que los municipales, al día siguiente, vendrían para botarlo; alertados por la gente que se reunía en cantidad para oírlo, esperaron que terminara el grupo de canciones y se acercaron para decirle que se fuera, que estaba prohibido, que alteraba el orden.

 

Asustado, no regresó en varios días, pero cuando se terminaron las monedas y empezó nuevamente el hambre, volvió: una vez más los oyentes le mostraron su reconocimiento, pero temía la llegada de los agentes y la posibilidad de que se lo llevaran.

 

Esa noche, en el camino de regreso, decidió cantar en el micro un rato antes de bajarse cerca de su casa. Esperó un rato y por fin subió a uno; le habló al chofer y se fue al fondo del vehículo, donde, en un rato, entre las dos filas de asientos que ya raleaban de pasajeros, cantó.

 

Le fue bien y ni necesitó explicar nada. Le dio tres soles al chofer y uno al cobrador antes de bajarse. Era muy noche y tenía que caminar bastante hasta su casa, pero se sentía contento.

 

Se volvió una constante en la ruta del micro que recorría harto la ciudad polvorienta; se hizo conocido de los choferes y de los cobradores que sabían que él pagaba para que lo dejaran cantar sin hacerle problemas y para los pasajeros resultaba un entretenimiento. Llegaron a conocer la ruta como “la del cantante”; subía y bajaba de los carros para cantar y recibir monedas a cambio que le alcanzaban para comer y para pequeñas cosas. Guardaba dos soles inter diario, en una lata vacía.

 

Un mal día el micro tuvo un choque aparatoso y él, que iba de pie y cantando, pagó las consecuencias con su vida: murieron él y el cobrador sin ni siquiera llegar al hospital.

 

En esa línea de micros no hay música en los carros.

 

 

Nota: El título está tomado de la famosa canción de

Horacio     Guarany.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

8 comentarios sobre “SI SE CALLA EL CANTOR…”

  1. Acá he visto en los buses cuando niños y a veces jóvenes suben para hacer teatro, expectáculos de payasos, cuentan chistes, uno les da una ayuda, no les va mal. Se pasa un buen rato y ellos ganan su dinerito. Es mejor a que tengan que pedir, pero también he pensado que les gusta el arte y lo desarrollan a su manera popular… Lástima como termina este cuento. Abrazos a Pierce.

    1. ¡Hola! Parece que algo está fallando en WordPress, que no me permite responder a los avisos como antes, en el momento y desde el site. Me llega el aviso por correo con el comentario (este es el caso) y respondo…
      Bueno, sí, creo que es así y aquí también se da; es mejor y creo que el arte no tiene un lugar definido nunca. El cuento termina así, porque la vida que se acaba, siempre es una tragedia que deja mucho sin terminar. ¡Cariños y miaus de Pierce! 🙂 🙂

    1. Es la vida, creo: sensible, diverida, trágica… La ciudad tiene miles de historias, diría que millones; trato de contar algunas, inventándolas a veces, cambiándolas un poco otras y me doy cuenta que ni el tiempo ni la habilidad alcanzarán…

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