LA VIDA ES UNA TÓMBOLA.


TÓMBOLA

La única tómbola que conocía era la que se hacía dos veces al año, en un terreno aledaño y que organizaba la parroquia para recolectar fondos, que al parecer nunca alcanzaban.

 

Los premios iban desde un estéreo portátil o un pollito vivo, hasta un borrador; no se sabía de nadie que se hubiese sacado el radio portátil, pero los números premiados con un borrador un pollito, eran cientos. Claro que había premios intermedios, como floreritos de loza, canastillas de plástico para el pan y otros; pero los extremos en cuestión de premios era lo característico de esa tómbola sencillona, pueblerina e inocente.

 

Esto  de la tómbola viene a cuento, porque su mamá canta: “la vida es una tómbola, tom, tom, tómbola…” cuando le toca ayudar en el evento. “Seguro que es una canción de cuando era chiquita” piensa él al oírla tararear todo el día.

 

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Todos tenemos una tía bigotuda, pero él se enteró que era su mamá, cuando su primo se lo dijo; no tenía una tía con bigotes… ¡su mamá era!

 

No se había dado cuenta por la costumbre; lo que sí le molestaba eran los arrumacos que le dispensaba a cada rato, es decir, cuando no le decía a gritos que recogiera sus juguetes y su ropa; no le gustaba tampoco que lo presentara a quien quiera que fuese como “su tesorito” o como “una dulzura”…

 

Eran bastantes las cosas que no le gustaban de su mamá, pero no se había fijado en los bigotes; claro, él no lo notaba, pero parecía que los demás sí y mucho: se lo había dicho su primo.

 

Desde entonces tenía que hacer esfuerzos para no acercarse mucho, pero no podía evitar el beso (ahora cosquilleante) de buenas noches o el de buenos días o el de “¡chau!” al que solía tener como agregado un “Corazón de mamá: cuídate mucho y no hagas travesuras”; se frotaba disimuladamente, a ver si así desaparecía el picor que creía sentir después de cada manifestación cariñosa de su madre.

 

Caviló mucho y cuando en el colegio, por primera vez le tocó escribir una composición a la madre con el título “Madre hay una sola” pensó de inmediato: “¡Y me tenía que tocar a mí!”.

 

Era como si en la tómbola se hubiera sacado el estéreo…

Solamente que tener el estéreo sería algo para enseñar y contar, en cambio, los bigotes de su mamá, preferiría que no existieran.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

10 comentarios sobre “LA VIDA ES UNA TÓMBOLA.”

    1. Hay una edad en eue uno no entiende mucho… Lo sensorial empieza a primar sobre lo afectivo (“razonamiento”, le dicen).
      Mi madre no tenía bigote y aunque lo hubiera tenido, es verdad que madre hay solo una (y esto es absolutamente personal)
      ¡Gran abrazo, amigo!

  1. Qué buen relato, lo disfruté muchísimo.
    Me hizo acordar a la composición de un primo sobre la madre.Mi tía no tenía bigotes.
    Quedó como un sello en la familia.
    ” Mi mamá es muy linda, pero hay que saberla aguantar ”

    que no tenía bigotes….La terminó con una frase que quedó como sello en la familia.
    ” Mi mamá es muy linda, pero hay que saberla aguantar “

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