NAVIDAD.


 

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Este es mi último post antes de Navidad.

 

Hoy viernes 23 de diciembre del 2016, quiero dar un abrazo inmenso a todos. A los que leen esto y han tenido la paciencia de irme siguiendo a través del blog y también para los que no lo leen porque no saben de él o no les interesa.

 

Para todos las más felices fiestas de Navidad, que esta vez coinciden con un domingo; el día que para los cristianos es el día del Señor: o sea que se celebra por partida doble.

 

Como toda celebración, esta es de alegría; la alegría inmensa de poder compartir y saber que aún aquellos a los que no conocemos, son amigos, porque sonríen.

 

Sonríen porque es Navidad.

RIQUILLA.


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Leo en los comentarios a la noticia de una radio que da los datos de la nueva ministra de educación y que tiene una foto de ella, la frase “Se ve que es una riquilla…” Además de la opinión que no hará nada por la educación de los más pobres.

 

Este puede ser el comentario de uno de los llamados “trolls”, que por dinero se dedican a esparcir generalmente sin razón alguna, frases ofensivas y ataques a determinada gente, labor por la que cobran un estipendio; hacen este “trabajo” por cuenta de otros. Ambos se esconden: el “troll” en el anonimato y el otro en las sombras.

 

Ambos son cobardes y operan desde donde no pueden ser vistos ni responsabilizados. El “troll” este, es la versión cibernética del sicario con la diferencia de no usar arma de fuego ni blanca. Usa la mentira y busca crear una opinión que permita destruir a su víctima. El que está detrás del “troll”, le paga, le señala los “objetivos” y provee del veneno para que escriba incendios  que son falsos, pero igual alarman es lo que se llama el “autor intelectual” de un delito.

 

Delincuentes ambos, el uno ejecuta los planes del otro. Siniestros los dos, operan porque están convencidos de que nunca les sucederá nada; total, no hay muertos visibles (fácticamente hablando) y si por azar algo es descubierto, lo negarán ambos; el “troll” se sumergirá silenciándose y el “autor i intelectual” además añadirá “desconocer mayormente” el asunto y al “troll”, por supuesto.

 

Esto es lo que hay y a pasto, en cuanto sitio exista donde se pueda dar una opinión y las redes sociales. La delincuencia cibernética no solamente roba electrónicamente de cuentas bancarias o tarjetas de crédito y extorsiona, sino que mancha honras y dispara a mansalva por encargo.

 

El término “delincuente” puede parecer extremo, porque no existe el delito de opinión; para ser delito lo vertido tiene que ser totalmente probado. Por esta razón buscan el anonimato; porque saben que no tienen prueba alguna de lo que aseveran actúan donde no pueda vérseles. Son los hijos de la oscuridad y la cobardía.

 

Acordémonos siempre de los “trolls” y sus mentores. Recordemos siempre que el dinero no solo no tiene moral alguna, sino que por eso mismo corre a raudales para hacer que el Mal parezca Bien.

EL COLECCIONISTA.


 

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Había empezado la colección casi sin quererlo. Fruto de un almuerzo memorable con dos amigos queridos en un estupendo restaurante donde vendían carnes.

Satisfecho por la comida y el encuentro, en su casa, vació sus bolsillos y lo encontró: era el palillo de dientes que había usado y para no dejarlo en cualquier sitio, guardó.

 

Al verlo, lo iba a tirar a la basura, pero algo lo impulsó a escribir en una tarjeta la fecha, el lugar y los nombres de los comensales. Puso grande CARNE y la dirección del restaurante.

Pegó el palillo de madera a la tarjeta con un pedacito de cinta adhesiva transparente y lo guardó todo en un sobre blanco, en el que escribió la fecha. El sobre quedó encima de una mesita baja.

 

No lo sabía entonces, pero empezaba la primera y única colección de su vida.

 

Cuando años después entraron a su cuarto, había cientos de sobres blancos fechados tirados por el suelo, abiertos.

Los agentes de policía hicieron un registro minucioso en el lugar y el juez, después de varias horas, ordenó el levantamiento del cadáver.

 

La conclusión fue la de robo con asesinato.

Al anciano lo mataron y buscaron dinero que creían guardaba en sobres. Era evidente que no había nada de valor en el cuarto.

 

Les llamó mucho la atención los sobres blancos con fecha, que parecían tapizar la estancia; encontraron palillos de dientes regados por el suelo, palillos de dientes en sobres y palillos de dientes en los sobres que con fechas correlativas se apretujaban ordenadamente en tres cajas de zapatos debajo de la cama.

«¿ES MÍO Y HAGO LO QUE QUIERO!»


 

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El niño golpeó repetidas veces el juguete contra la vereda hasta que este se rompió. La cabeza salió volando y un resorte apareció donde debía estar el cuello.

 

¡Es mío…!” dijo desafiante “…y hago lo que quiero con el muñeco…”.

 

El juguete roto quedó sobre la vereda y de pronto empezó a llover y las gotas de agua sobre la cabeza desarticulada parecían lágrimas.