LA MUJER INVISIBLE.


flor-marchita

Estornudaba y nadie le decía “¡Salud!”.

 

En el bus no le cedían el asiento.

 

Nadie respondía a su saludo en la calle.

 

Las palomas se cruzaban en su camino sin inmutarse.

 

Varias veces se quedó con la mano extendida.

 

Finalmente fue a mirarse para ver si existía y el vidrio de la vitrina que escogió para hacerlo solo dejaba ver las luces que desde dentro decían “¡FELIZ NAVIDAD!