EL ALBINO.


mono-albino

 Le decían “blanquiñoso”.

 

Estaba siempre a la sombra, mirando sin ver bien porque era corto de vista y no resistía estar al sol.

 

Nadie conocía a los padres y su pelo, casi blanco,  trinchudo, crecía desordenadamente formando remolinos; hacía sonidos guturales cuando quería decir algo porque ser sordo le privaba de escuchar para que pudiera imitar las palabras.

 

Era albino, miope, sordo y sin palabras.

 

Los chicos se reían de él o murmuraban. Solo había una vieja en el pueblo que decía que en realidad era el hijo de la Luna y el Sol.