CARAMELOS BLANDOS.


toffees

 Con ese nombre conocí a los “tofis” (toffees) de “La Ibérica”, la fábrica de chocolates arequipeña que impregnaba con su delicioso olor la cuadra donde estaba ubicada en el centro de la ciudad.

 

A mi recuerdo se suman las “pastas” o mazapanes , los chocolates, los conejos de pascua también de chocolate y la increíble “magia” con que presentaban un plato de arroz con huevo frito íntegramente elaborado con deliciosa pasta comestible a base a almendras y otras fantasías que simulaban algunos platos tradicionales y eran maravillosamente dulces.

 

Cuando yo tenía unos seis años, mi madre viajó a Arequipa para acompañar a mi hermana Teté que iba a dar a luz a Eduardo, su primer hijo (y lo que para mí era más importante: mi primer sobrino).

 

Arequipa, es la tierra de mi familia materna con innumerables primos y tíos,  es también por adopción, la de la familia de mi padre; un poco más pequeña. Ellos tenían casa en la calle Santa Marta y una fábrica de helados (la mítica “Helados Mercedes”) en la calle Lira. La casa de mis abuelos Gómez de la Torre estaba en Santo Domingo, pared de por medio con el cine “Real”. Años después (siempre en los 50) Arequipa sería la tierra prometida donde pasaba mis vacaciones veraniegas escolares.

 

Volviendo a la estancia de mi madre, ella mandó a Barranco una caja grande de unas exquisitas “Yemitas” dulces, de “La Ibérica” por supuesto. Tengo absolutamente presentes las esferitas de mazapán y huevo, cubiertas de azúcar, por supuesto amarillas. La caja era de cartón gris sin marca alguna y dentro estaba el tesoro de los dulces alineado en varias capas, separadas por papel manteca.

 

No tengo que decir que soy dulcero desde siempre y “barrí” con la caja entera en un santiamén, lo que me produjo el consiguiente malestar estomacal y vómitos; seguramente se resintió el hígado y el médico tuvo que venir a verme a casa. Era amigo de mi padre y el doctor Germán Stiglich no creo que necesitara decirme nada, porque no pude, desde entonces, ni oler las famosas “Yemitas”.

 

Cosas y recuerdos de un chico; pequeños aprendizajes y primeras dolorosas experiencias sobre lo amargo que puede ser un dulce.

 

El título de este pequeño artículo viene a colación porque en su visita hace unos días, una ex alumna universitaria y amiga muy querida, trajo como obsequio una caja de toffees de “La Ibérica”. Según veo en la caja grande e impresa modernamente, hay un número 100. Eso quiere decir que la fábrica cumple cien años. Bueno, de mi aventura pasaron 62 más o menos y de los “caramelos blandos” que trajo Carla el otro día quedan solo unos pocos. Que conste que Alicia, mi esposa, también colabora en el consumo para disfrutar a dúo.