¡PATUTO!


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Era el aviso, que gritado, más temíamos.

El carro patrullero rondaba lentamente y cuando se lo veía aparecer por la esquina de la calle Ayacucho, donde jugábamos a la pelota con grupos raleados, que excepcionalmente llegaban a cinco por “equipo”; la palabra era mágica, porque hacía desaparecer a los que peloteábamos en la tranquila calle de un dormido Barranco. El que podía se refugiaba saltando el muro que separaba la calle de la casa de los Carlini y se encogía escondiéndose; otros corríamos a “protegernos” en el patio frontal de mi casa cuyas rejas altas, de madera pintada de marrón, nos daban “seguridad”; el que podía bajaba por las escaleras que daban a una amplia terraza con vista al mar, parando por el exterior de los departamentos donde vivían los Rivarola y el “Barón” Telaya. La pelota se la llevaba el que la agarrara antes de huir.

 

El “patuto”, que así llamábamos al patrullero, pasaba y excepcionalmente algún policía bajaba haciendo la finta de mirar. Dejábamos que pasara un tiempo prudencial y alguien se asomaba para asegurarse que la calle estuviera despejada; poco a poco íbamos saliendo y los comentarios del “suceso” reemplazaban al juego, que tal vez se reanudaba, si es que no era hora de ir a almorzar o daba la hora del “lonche”…

 

Estoy seguro que los policías hacían sus esporádicas rondas más para asustar a un grupo bullicioso del que algunos vecinos se quejaban que para confiscarnos la pelota. Lo hacían a veces, sí y no había caso: era pelota perdida.

 

Era un Barranco donde no había mayores alteraciones en una cotidianeidad pacífica, casi diría bucólica, de pequeño lugar.

Un Barranco que vive en el recuerdo y la añoranza, en fotos que en blanco y negro retratan ese pasado al que muchos quisieran regresar.

 

 

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

6 comentarios sobre “¡PATUTO!”

    1. ¡Gracias! En esa época, las fotos se reservaban a las “grandes ocasiones”, porque había que fotografiar y enviar a revelar el rollo de película. Había que pagar por revelado y copias… No era como hoy, que la fotografía es parte del contexto diario gracias a los celulares. Recuerda que yo soy de la época “analógica”, pre computadoras, pre celulares, pre faxes y… ¡casi prehistórica! 🙂 🙂

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