CAÑERÍAS.


canerias

Una vez un compañero de colegio mío, convertido en eminente cardiólogo y cirujano del corazón, me dijo que un gasfitero podría ocuparse de nuestros asuntos de circulación y cardíacos, porque en realidad las venas eran como cañerías y el corazón una bomba que impulsaba el líquido (la sangre) por ellas. Es verdad, aunque en vez de ser un edificio o una casa, somos seres humanos y el “trabajo” es mucho más fino y está la alternativa de morirse. Escribo esto sin demérito alguno para los gasfiteros, pero me parece que se le quita un poco de “misterio” a lo que nos sucede. Somos, finalmente máquinas que tienen multitud de componentes y que funcionan bien con los cuidados adecuados, no solamente en el sistema de distribución de líquidos, sino en el correcto desempeño de las articulaciones, del aparato motor, del laboratorio interno, de la computadora que lo gobierna todo y que me gusta llamar así a lo que está detrás de las cejas, entre las orejas y debajo del pelo; somos como automóviles que necesitan de un mantenimiento periódico y hacer cuando sea necesario, el cambio de alguna pieza. Somos, como serán los autos del futuro, que se moverán sin necesidad de un conductor, porque serán “inteligentes”. De pronto suena burdo y manido todo esto, pero creo que eso somos. La diferencia está en la computadora central: está y estará, porque por más inteligentes que sean los automóviles, las máquinas y a veces los edificios, sus computadoras y sistemas hechos por el hombre, tienen el límite que da la imaginación y lo nuestro tiene lo que  la eternidad provee.