EL RELOJ


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En la casa de Barranco había un reloj cucú.

Era todo de madera, las pesas que balanceaban su maquinaria eran dos de metal fundido en forma de piñas de pino, alargadas y pintadas de dorado viejo

A las seis, a las doce, a las seis de la tarde y a las doce de la noche, sonaba un carrillón y se abría una puertecita por donde salía el pajarito cucú pintado de celeste, con el pico naranja, que cantaba mecánico: “Cucú-cucú-cucú…” No recuerdo bien si en cada salida cantaba seis y doce veces, según la hora.

Era un reloj suizo, tenía forma de casita (lo que ahora imagino que sería un chalet suizo), con una pequeña barandita.

 

Me fascinaba el reloj y esperaba siempre las horas en que salía maravillosamente, el cucú suizo a cantar.

Mi padre, creo, le daba cuerda con una llave y ajustaba las pesas, lo que a mí me parecía algo mágico y sería porque era inocente (casi digo tonto) porque nunca se me ocurrió asociar al simpático pajarito cucú (tan parecido, pienso ahora, al que personifica Twitter) con el terrible cuco, cuando son lo mismo.

Me hubiera parecido muy extraño que en el comedor de la casa, viviera algo a lo que había que tenerle miedo, que era puntual en su tarea de cantar cada seis horas y resultara simpático y divertido.

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

2 comentarios sobre “EL RELOJ”

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