EL COCODRILO EN LA BAÑERA


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El niño tenía cuatro años y no quería bañarse en tina, porque pensaba que en el agua podía haber un cocodrilo. No lo decía a nadie y cuando tocaba bañarse lo hacía en la ducha, porque por los huequecitos de ella no podría pasar ningún cocodrilo: se atoraría.

Esa tarde, terminó de jugar y su abuela, recién llegada de viaje y que quería engreírlo,  había preparado la tina llenándola con agua tibia. El niño no quiso por nada bañarse y puso mil pretextos, convencido de que un cocodrilo lo mataría ni bien entrase al agua. La abuela le rogó y él se negaba, aterrado; finalmente se rindió y contó su terrible secreto.

La abuela lo escuchó, pensó un momento y le dijo que tenía un polvo protector, que disuelto en el agua, impediría cualquier peligro; En un momento, de su maletín, trajo un frasco y se lo dio.

¿Un polvo protector…?” dudó el niño y la abuela le dijo: “Yo lo uso para bañarme en tina y nunca me atacó un cocodrilo… ¡Sí funciona! Úsalo y si quieres, sin mirarte, yo me quedo cerca…

La abuela echó los polvos en el agua e instantáneamente se percibió un olor fresco y agreste, un olor que él nunca había olido…

La abuela se sentó en un banquito, dándole la espalada, en un rincón del baño. El niño se desvistió con cautela y desnudo probó el agua, con miedo, metiendo en ella una mano: estaba agradablemente tibia y olía raro, pero bien. Todavía con miedo alargó una pierna y la metió en el agua, dispuesto a saltar al menor indicio de algo extraño. No pasó nada y se metió en la tina, esperando siempre lo peor. El agua seguía tibia, el olor era agradable y nada sucedía. La voz de su abuela lo hizo asustarse: “Y… ¿funciona, no…?”, dijo ella sin voltear.

 

El niño disfrutó por primera vez de un baño en la tina sin ningún sobresalto, gracias a los polvos mágicos de la abuela…

Ya vestido, la abuela se acercó y le dijo abrazándolo: “Te dejo el frasco, para que te bañes en tina cuando quieras; yo tengo más en mi casa… ¡No se lo digas a nadie: será nuestro secreto…!” y sonrió cómplice.

 

El niño todavía no sabía leer lo que decía la etiqueta, en letra cursiva: “Sales de Baño”.

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

16 comentarios sobre “EL COCODRILO EN LA BAÑERA”

  1. Las grandes bañeras, con patas de león. En casa de mis padres había una, y mi hija la recuerda y me dice que para ella era una gran piscina.
    Una delicia de relato

    1. ¡Gracias por el comentario y que bueno que te gustara…!
      La bañera de mi casa, cuando vivían mis padres(y yo vivía con ellos) no tenía patas, ni de león ni de ninguna clase. Era una bañera común y corriente, pero yo también soñaba que era una piscina.
      🙂 🙂 🙂

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