EL DIABLO ES BLANCO, PELUDO Y ME MIRA


Pierce. 7.10.2014

 Hace un rato, desde mi ventana escuché una señora que hablaba con un niño y le  decía “El gato no; el gato es el diablo. No me gustan los gatos y tampoco a ti…” De inmediato pensé que eso era superstición o ignorancia, pero al verla caminando con quien era posiblemente su nieto, reflexioné y la palabra “estupidez” me vino a la mente.

Tal vez no sea justo, pero escuchar que una persona mayor, tal vez para que el niño no se acerque a un gato, decir algo que no tiene sentido y creer que porque menciona al “diablo” (figura que representa al mal) para meterle miedo a una criatura (que no sé si sabrá lo que son el mal y su representación) se me antojó eso: ¡una estupidez!

De pronto, nuevamente, no soy justo, porque los gatos me parecen criaturas admirables (tengo a uno de ellos, Pierce, que es hembra, en casa) y aprendo cada día algo nuevo. Muchas veces Pierce me mira fijamente y parece que me preguntara si me siento bien. Otras veces, cuando me recuesto encima de la cama para ver televisión (en realidad para escuchar, porque veo poco y mal) viene y se pone a mi lado, contra mi pierna, hecha un ovillo y se duerme. Ya conté alguna vez, que todo el tiempo que estuve enfermo, en cama (unos meses) la gata no se movía del lado de la cama y solamente salía para comer, tomar agua y (supongo) para hacer sus necesidades. Después volvía, me miraba como asegurándose que yo todavía estaba allí y ponía su cabeza entre las patas delanteras. Creí que dormitaba, pero cualquier pequeño ruido era captado por sus orejas móviles, que se orientaban y si era el caso, se ponía totalmente en alerta.

Definitivamente, no creo que el diablo hiciera eso, a no ser que me estuviera cuidando porque era de su propiedad. Si siguiese el razonamiento de la señora, podría decir que le acaricio la cabeza al diablo y Alicia le da agua y de comer. El “sucio” diablo resulta ser muy limpio, porque se asea meticulosamente con la lengua y las patas y sus necesidades las hace siempre en la caja de arena que tiene para el efecto y las tapa. Diría que tengo domesticado al diablo…

La señora de esta historia me recordó a lo que oí sobre que en el medievo, los gatos (sobre todo si eran negros) eran considerados el demonio y matados, quemándolos vivos. Eran los compañeros de las brujas, que morían de la misma manera.

Eran víctimas de esa ancestral estupidez humana, que rechaza lo que no entiende o es distinto. Que si es posible lo mata.

Tengo que confesar, que de acuerdo a lo que piensa la señora de marras, hace quince años que Alicia y yo vivimos con el diablo. Resulta que somos tan tontos o ingenuos que no nos hemos dado cuenta.

Espero que el niño, tal vez nieto de esa señora, no provoque a ningún gato, porque lo natural es que a este no le guste y en caso extremo se defienda dando un manotón (que técnicamente en este caso es un zarpazo) a quien lo molesta. Y claro, no es bueno recibir un zarpazo del diablo.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

14 comentarios sobre “EL DIABLO ES BLANCO, PELUDO Y ME MIRA”

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