LLAMADA DE PARÍS


INALÁMBRICO

Es viernes, estoy escribiendo y de pronto suena el teléfono inalámbrico que trato de tener siempre a mi lado, no porque espere llamadas importantes ni tampoco porque me llamen siempre, sino porque caminando a un lugar determinado, en otra habitación del departamento (si el teléfono está ahí) me demoro y por lo general cuelgan. Y es frustrante llegar, responder y luego de decir “¿Aló?” escuchar que el teléfono te da línea para marcar….

Volviendo a ese viernes por la mañana, respondí y del otro lado del hilo telefónico (lo que es un anacronismo, porque me dijeron que mi teléfono comunica por medio de fibra óptica) una voz conocida, me dijo “Te habla…”; sonreí y empezamos a conversar. En ese instante, pensé que estaba en Lima, pero cuando me dijo que se había prometido llamarme, porque cuando estuvo aquí no pudo venir a visitarme, realicé que estaba en París y lo primero que se me ocurrió fue el terrible atentado terrorista de Niza, que aquí en se supo cuando era la tarde; “¿Estás bien…?” le pregunté, con esa sensación que lo invade a uno de pronto y que significa que algo malo pasa.

Sí, lo de ayer fue tremendo, pero….

Ciertamente, la distancia entre Niza y París es grande”, pensé.

Te llamo porque quería contarte que estoy escribiendo, decidí dedicarle un año a esto, liquidé mi empresa aquí y ahora estoy en un taller de escritura en España… ¡por Internet! ¡No te imaginas lo feliz que soy!” Se le notaba en la voz y en cómo las palabras le salían atropelladamente, por la alegría  y las ganas de decir muchas cosas a la vez.

Tengo que decir que ella fue mi alumna hace 28 años y, como ya conté en otro lugar, mi costumbre era proponer libros para que mis alumnos leyeran y se dieran cuenta que era la mejor manera de abrir la mente, conocer y despertar la creatividad personal que está echando un sueñecito dentro de nosotros o está profundamente dormida, como muerta. ¡Me llamaba desde París mi ex alumna, con quien hablé por teléfono alguna de las veces que estuvo aquí y con quien me escribí por Internet, pero a quien nunca volví a ver personalmente desde hace tantísimo tiempo, para contarme su alegría, porque estaba logrando lo que había soñado!

Hablamos muy largo y yo escuchaba como este torrente de felicidad me avasallaba y contagiaba. Era simplemente eso: contar que era feliz porque se había decidido a hacer lo que quería. Era simplemente algo tan importante como eso; lo que a veces en la vida significa seguir el sendero que nos atrajo siempre y del que nos seguimos de largo, buscando otras cosas, pero siempre volviendo a encontrarlo porque nuestros pasos inconscientes nos llevaban a él.

Y de pronto allí está: no es un camino ancho ni pavimentado, pero tiene ese maravilloso encanto de lo desconocido y la promesa de hermosos paisajes y vistas increíbles.

¡No sabes amiga, ex alumna, como comparto tu alegría, porque intuyo el gozo que te embarga! Estas son palabras serias y complicadas, para decir algo tan simple como “¡Me alegro contigo…!

De verdad: ¡gracias por la llamada y acordarte de mí en este instante! Gracias porque me siento bien con tu felicidad, que me dejas compartir y vuelvo a decir que no estuvo tan errado lo que yo hacía, aunque muchas veces lo entendieran bien poco…