EL COLOSO


 

COLOSO GOYA 

Estaba ahí desde siempre. Inmenso, desafiando a las lluvias y al tiempo.

Parecía mirar a la eternidad con sus ojos vacíos y recordar a quienes lo esculpieron, a quienes lo adoraron como si fuera dios. A los que considerándolo un regalo de los dioses le ponían collares de flores y diademas.

Ahora estaba solo, pero ese era únicamente un instante en la eternidad por la que  transitaba.

Vendría el momento o tal vez desaparecería; lo que llegara primero sería bienvenido, porque volvería a ser playa y el mar lo mojaría.