LA PROPINA


MONEDAS

Tomábamos café los sábados en un establecimiento de la calle Miguel Dasso en San Isidro, “inaugurando” entonces los que ahora son los desayunos de los primeros sábados de mes en que la promoción del colegio se reúne.

Empezamos un par, fuimos tres y la reunión creció, mudándose a otro establecimiento, también en San Isidro…

Pero la historia se remonta a los días de ese comienzo de tertulia amical y cafetera. Al terminar la reunión, siempre había uno que recogía las “cuotas” de todos (a veces no éramos sino tres) y pagaba con un billete, digamos, de 100 soles. El mozo que nos atendía siempre (lo recordaré toda la vida) era amable y de ojos claros. Traía la cuenta, recibía el pago y regresaba con la cuenta cancelada y el vuelto en billetes chicos y monedas. Generalmente de propina, le dejábamos las monedas, que él agradecía; nadie se preocupaba por llevarse el papel de la cuenta…

Hasta que un día Lucho nos dice que había descubierto que el mozo tenía una estrategia para aumentar su propina: “Miren lo que hago cuando traiga el vuelto” nos dijo. En efecto, se pagó con un billete de 100 soles y cuando regresó el mozo con el cambio, Lucho retiró los billetes pequeños y las monedas que estaban sobre la cuenta, el papel de la cuenta y… ¡debajo había un par de monedas de dos soles! Era como si se hubiesen “caído” del vuelto y estuviesen allí.

No recuerdo bien si Lucho se lo dijo al mozo, pero sí que fue notorio que se llevó el papel de la cuenta y si no me equivoco, esa vez, no dejamos propina.