PRISCILLA


ARDILLA

La ardilla bajaba por las ramas del árbol en busca de comida; corría deteniéndose al menor ruido, como alguien que nervioso, tema que lo descubran. Se había acostumbrado a acercarse a las mesas exteriores del café y a que los parroquianos la alimentaran.

Era una especie de mascota y habitualmente aparecía por el lugar, provocando la sorpresa, el interés o la complicidad de los que allí estaban; el único mozo, al comienzo de sus apariciones trató de espantarla, pero fue en vano, porque ella volvía como diciendo que tal vez había perdido una batalla, pero la guerra, que al fin ganó, era cuestión de resistencia.

Un día, vino a tomar café un señor que trabajaba en una dependencia del ministerio que tenía a su cargo el cuidado de la fauna silvestre y vio a la ardilla que merodeaba en busca de su alimento diario; le dio unas migas de pan y sonrió de la confianza que el animalito demostraba. Al poco tiempo regresó el señor con dos más: pidieron café y sándwiches.

La ardilla, como era su costumbre, bajó para que algo le dieran y se acercó a comer pero no pudo hacer nada porque le cayó encima una tela que la envolvió para que pudieran pasarla a una bolsa.

El señor comentó después que habían salvado a una ardilla más para devolverla a su hábitat natural. Los habituales del café y Matías, el mozo, nunca más volvieron a saber de Priscilla, como le habían puesto a la ardilla, que resultó ser macho.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

25 comentarios en “PRISCILLA”

  1. Ese tonto me hace acordar a Javert , el policía fundamentalista y bobo que perseguía a Jean Valjean en “los Miserables” y que termino sucidandose

  2. En Lima vi muchas ardillas correteando por los cables de alta tensión, es normal ver que bajan a buscar migas a las cafeterías. Luego las vi en otros lugares, solo en mi país he visto que se conservan en los bosques sin salir de sus limites, aquí los chavalos las matan con huleras, suelen ser crueles. Abrazos Manolo.

      1. Esa es prepotencia, no es miedo. Es como los italianos con los americanos, los nordicos con los africanos… prepotencia, arrogancia, brutalidad e ignorancia. Los odio a todos. Buenas noches Manolo, ya salí de mi reunión de brujas, fue un éxito…

      2. El prepotente es cobarde. El cobarde siente miedo.
        ¡Brujas al viento…! ¡Qué bueno que fuera un éxito! ¡Buenas noches y buenos días! ¡Muy buen fin de semana! (No posteo, como de costumbre, hasta el lunes) 🙂 🙂

      3. Comunicarse gritando puede darse cuando hay distancias; para lo otro existen los medios de comunicación y el hablar de persona a persona. Comunicarse gritando empobrece la comunicación. Es como el morse o la comunicación por mensajes de celular. Se pierde lo que la verdadera comunicación es. Esa “comunión”. 🙂

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