MI PRIMER TOCAYO


SEGUNDO DE MEDIA PANCHÍN.

 En realidad fue la primera persona que me dijo “tocayo”, es decir, “nos llamamos igual”; Manolo Peirano era compañero de clase de mi hermano mayor, Pancho, que me llevaba 12 años. Solía ir a la casa con Paco su hermano (que se llamaba como el mío, Francisco). Siempre ha sido una especie de hermano mayor para mí y ahora, sin motivo alguno, mucho tiempo después, quiero darle las gracias.

Manolo terminó el colegio, estudió Ciencias Económicas o Contabilidad, no lo sé bien, para después con su trabajo ayudar en la casa. Cómo no recordar de ese entonces a doña Rosaura, a los Peiranos, hombres y mujeres y por supuesto a Lucho, mi amigo y compañero desde que a los cuatro años nos conocimos.

Pero esto se trata de Manolo, mi tocayo.

A Manolo, al que todos llamaban “El Cholo”, lo escucho reír y contar chistes y parece como si fuera ayer verlo a la hora del lonche en la casa de la calle Ayacucho, con Paco, el Negro, Gino y mi hermano, sentados a la mesa, mientras mi padre preparaba los sándwiches que acompañarían, estoy seguro, al café con leche servido por mi madre. “Son de queso con huecos” fue elanuncio. De pronto se oye la voz de protesta de Manolo, diciendo algo así: “A mí me deben haber tocado solamente los huecos…”.

Tampoco puedo olvidar que en un barranco de la avenida Costanera, Lucho y yo, siguiendo su “consejo”, nos orinábamos las manos para que (siempre según él y Paco) nos desapareciera el olor a tabaco que adquiríamos al fumar. ¡Cómo debería reírse del olor a orina que seguramente despedíamos y certificaba nuestra condición de fumadores furtivos, cándidos e inocentes!

Manolo, tiempo después de trabajar, decidió seguir su verdadera vocación y se hizo jesuita. Pero estoy seguro que mi tocayo no es cualquier jesuita (sin menosprecio a nadie, por favor) porque su manera de ser, su bonhomía y esa alegría que yo le conocí desde siempre, lo hacen, estoy seguro, un Manolo especial. Uno del que alguien como yo, siente genuino orgullo al llamarlo tocayo y saber que va a responder con un “Tocayo… ¡cuánto tiempo!