LA BATALLA DEL ESPANTO


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 Ciertamente esta no es la célebre batalla de Lepanto, en la que se enfrentaron los turcos otomanos y una alianza entre España, Venecia y la Santa Sede allá por 1571. El lugar fue el golfo de Lepanto, situado en la Grecia Continental, entre el Peloponeso y Epiro. Allí ganó su sobrenombre (“el Manco de Lepanto”) Miguel de Cervantes, quien perdió un brazo en el combate…

Definitivamente la batalla final de estas elecciones en el Perú no tiene esa enorme trascendencia histórica, pero sí significa para el país un enfrentamiento en el que en vez de galeras y cañones, se usa todo lo que sea posible y que pueda dañar al contrario, sea esto lícito o no.

De un lado y de otro llueven los insultos y las acusaciones. Definitivamente las propuestas pasaron a un discreto segundo plano y parecen importar mucho más las actitudes, que en algunos casos son matonescas. Esa matonería que proviene de sentirse ganador e impune por lo tanto.

Mientras tanto, el en pueblo peruano que mira esto desconcertado, se toma partido y se polariza la opinión.

No tienen lugar los argumentos pensados ni lo que los avale sino las frases más o menos desafortunadas que buscan enardecer o herir.

El país se parte, en una división más, sin ningún beneficio para quienes deberían gozar de ellos; solo parece ser carne de cañón que alimenta los fuegos de una guerra absurda.

Prefiero pensar que la batalla de Lepanto fue ganada por la coalición, y en esta, en la de ahora, la que está terminando en muy pocos días, la del espanto que digo, no participa ninguna gloria.

 

EL CORRECAMINOS


CORRECAMINOS

Flaco y desgarbado, parecía un pájaro; era el mejor mensajero de la oficina. Siempre estaba en busca de trabajo y se ofrecía para todo. Cualquier cosa que hiciera la hacía rápido y bien.

Era proverbial su velocidad para llevar encargos y llegar con ellos al sitio que fuera; por eso le decían “el Correcaminos”

Su sueño era ir a Estados Unidos para “hacer la América”; y cuando le decían que ya estaba en América, él decía que sí, pero que esto era el Perú, América Latina, y quería ir a América del Norte, “Donde los gringos, pues”.

Juntó su dinero y viajó a México, donde tenía un primo.

Una vez allí consiguió, después de mucho tiempo y plata, que lo pusieran en la frontera con USA y lo conectaran con un “coyote” para cruzar ilegalmente. Lo metieron una noche en un camión con otros tres: dos centroamericanos y un ecuatoriano, en medio de sacos llenos de algo. Después de lo que se le antojó como una larga travesía, el camión se detuvo y les dijeron que bajaran, porque la frontera estaba cerca y de allí tendrían que caminar.

Los tres se desentumieron y bajaron.

Había dos “coyotes” y uno se quedó al volante. El otro comenzó a andar, indicando con la mano. Caminaron los cuatro y el “coyote” se retrasó un poco, agachándose como para amarrarse una zapatilla.

De pronto se escuchó un tiro y uno de los centroamericanos cayó fulminado; los otros echaron a correr. Sonaron hasta cuatro disparos y las balas terminaron con los sueños de los tres.

El “coyote” miró a los muertos, guardó la pistola y regresó caminando al camión.

Esta vez a diferencia de lo que pasa en las tiras cómicas, el “Coyote” se había deshecho del “Correcaminos”. Definitivamente.

 

 

SOPA DE LETRAS: KPP Y PPK


eltiempo

 Me prometí no escribir un tiempo sobre el acontecer político peruano, pero voy a romper mi propósito, porque creo que lo que viene ocurriendo lo amerita.

Definitivamente, la diferencia de personalidad entre los dos candidatos a la presidencia, parece estar jugando en contra de él que no me ha parecido nunca alguien confrontacional ni violento, antes bien, mesurado y serio. En ella, pienso que la serenidad esconde una violencia contenida, que por momentos se vislumbra.

Los exabruptos de él, pienso, son la reacción natural de alguien ante un ataque. Es verdad que el “manual del perfecto político” dice que no hay que reaccionar así, sino asumir, retrucando ingeniosa y mordazmente; pero él no es un “animal político” como un ex presidente. Es un economista, con experiencias de gobierno, pero que no se convirtió en otra cosa que lo que es.

Por eso creo que “pisó el palito” que su contrincante, hábil o aleccionada en esas lides, colocó.

Esto lo hace un hombre que puede tener un exabrupto como cualquiera, pero no tiene por qué descalificarlo. Opino – y esto es algo muy personal- que no tiene las “mañas” que lo harían dejar de ser lo que es.

¡Keiko Puso el Palito y Pisaste el Palito Kausa…!

 

EL CLANDESTINO


SOMBRA

 Siempre vivió a salto de mata, nunca tuvo un domicilio fijo ni fundó una familia. Las sombras según él lo protegían y se deslizó siempre, pegado e invisible, por las paredes de la vida.

No había nada que lo identificara, salvo pasar desapercibido y por eso, cuando lo ingresaron a la morgue, después del accidente, fue como NN y terminó siendo enterrado en la fosa común.

A VECES


LUZ

A veces uno tiene ganas de dejarlo todo como está.

A veces uno no se siente con las fuerzas suficientes para seguir.

A veces parece que todo alrededor estuviera erizado de púas.

A veces se piensa que por qué.

A veces hasta el pensar cuesta.

A veces no se ve la salida.

A veces, lo que pasa es que la luz al final del túnel, está detrás de una curva y de pronto te ciega. A veces.

VIVIR RECORDANDO Y RECORDAR VIVIR


Proyector-cine

 Todo tiempo pasado fue mejor” y la máquina de los recuerdos se echa a funcionar, proyectando en el ecran imágenes de la panadería y sus delicias de las doce del día olorosas a niñez; la vitrina llena de figuritas y pequeños “mementos” guardados amorosa y pacientemente para exhibir pedacitos de historia; la bicicleta azul con sus frenos gastados, presta a llevarlo a uno calle abajo; los enamorados de la Costanera, abrazados, mirando como el sol se baña en el océano; el ruidoso tranvía que con su ojo ciclópeo llevaba por las noches el cansancio al descanso; la paleta del helado de lúcuma, con su sabor opaco y sin embargo alegre; los charcos que dejaba la lluvia en el patio del colegio en los días de julio…

Recordar es vivir, pero para poder tener unos cuantos recuerdos hay que haberlos vivido.