TRABAJO NOCTURNO


LUZ DE LINTERNA.

 Tenía quince años y a veces salía tarde, por las noches, sin que su madre se diera cuenta. Durante el día caminaba las calles mirando para un lado y otro distraídamente, hasta que ubicaba el lugar. Volvía un par de días después, ingresaba a la tienda y lo miraba todo con aire de comprador; si se le acercaba algún dependiente, agradecía para decir que sólo miraba y estaba un rato más antes de irse. Si el sitio le parecía adecuado, volvía en una tercera ocasión y aprovechando el silencio de la madrugada, cortaba los candados o forzaba la puerta y una vez dentro llenaba su mochila vacía de lo que creía que podría vender. Todo no le tomaba sino unos minutos; después salía y se iba caminando hasta la casa. Lo que temía era que lo atraparan una de esas veces y dejar sola a su madre.

Entraba despacito e iba a su cuarto; dejaba la mochila en un armario y se metía en cama.

En la nueva mañana, iba hasta uno de los puestos que compraban cosas y regresaba con billetes.

Hoy día me pagaron” le decía a su madre, que creía siempre que trabajaba como conserje o vigilante y le daba la mitad de lo obtenido.

Una mañana, su madre no se despertó y él supo de inmediato que en su próximo robo no  importaría nada que lo atraparan.