DICTADO


MÁQUINA DE ESCRIBIR.

Fue quedándose ciego poco a poco.

Había escrito mucho y sus novelas repetían las ediciones.

Ganó dinero y gastó en médicos que no le dieron esperanzas; al final, le decían, vendrá la oscuridad irremediablemente.

Como ya no podía acariciar las teclas de su máquina de escribir, pensó que dictando continuaría los relatos de todo eso que aún bullía en su cabeza.

Lo que nunca supo es que el amanuense publicó sus historias con otro nombre, bajo el título de “Dictados”.