UÑAS SUCIAS


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 Tenía doce años y las uñas negras, como el primer amor en “La Casa de Cartón” de Martín Adán, que ella nunca había leído porque no sabía hacerlo. Escarbaba la tierra y rescataba las pequeñas papas que a veces quedaban olvidadas.

Era lo que llevaba a casa cuando, después de la cosecha, vagabundeaba con el cielo por techo y la angustia del hambre haciéndose un nudo.

No entendía por qué a su taita lo llevaron y nunca más volvió. No entendía por qué no la dejaban acercarse a las chacras ni por qué vivía con su abuela viejita en la orilla del pueblo.

No entendía por qué a su padre le dijeron terruco cuando se lo llevaron.

No entendía por qué, pero estaba creciendo y no sabía si era rabia o miedo lo que sentía, o tal vez una mezcla, peligrosa, de ambos. No sabía lo que vendría luego.