BUMBUM… BOOM!


 

BUMBUM 

Milena Santos es la esposa del recientemente nombrado Ministro de Turismo de Brasil. No tuvo mejor idea que posar para una serie de fotografías personales y sugerentes en el despacho del ministro (algunas abrazándolo) y permitir que se exhiban en las redes sociales, donde pronto se viralizaron.

Hasta aquí nada diferente a lo que alguien exhibicionista hace.

El problema es que es la esposa de un Ministro y que es ampliamente conocida en Brasil gracias a ser una ex Miss Bumbum

Creo que su poco seso es inversamente proporcional a su belleza, porque ciertamente no se trata de que sea una modosa monja, pero flaco favor le hace a su marido como Ministro de Estado con el hecho y de paso al Gobierno brasileño que está inmerso en escándalos, luchas judiciales y amenazas de vacancia presidencial.

Es una verdadera “metida de pata” y no sé si el Ministro Teixeira esté muy de acuerdo con que sus fotos se hagan virales en la Web, ni las de su esposa, claro.

Está probado que las redes sociales son una tentación universal y también una trampa que puede ser mortal.

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A MODO DE POEMA


mensaje-en-una-botella

Una botella al mar.

Esperanza navegante

pulida por las arenas legendarias

y acariciada por los vientos

de las novelas de Salgari.

Brillo que se confunde

con los peces curiosos;

juguete de toninas,

botella, transparente prisión

engarzada y a la vez viajera

en el inmenso océano.

Mensaje leído por estrellas,

encontrado por

cangrejos corredores,

olvidado de fecha,

inútil pasajero

de la vitrificada transparencia.

Botella al mar.

Perdida en las corrientes,

esperanza flotante

entre el cielo

y el agua.

Sueño.

21.11.95.

TRABAJO NOCTURNO


LUZ DE LINTERNA.

 Tenía quince años y a veces salía tarde, por las noches, sin que su madre se diera cuenta. Durante el día caminaba las calles mirando para un lado y otro distraídamente, hasta que ubicaba el lugar. Volvía un par de días después, ingresaba a la tienda y lo miraba todo con aire de comprador; si se le acercaba algún dependiente, agradecía para decir que sólo miraba y estaba un rato más antes de irse. Si el sitio le parecía adecuado, volvía en una tercera ocasión y aprovechando el silencio de la madrugada, cortaba los candados o forzaba la puerta y una vez dentro llenaba su mochila vacía de lo que creía que podría vender. Todo no le tomaba sino unos minutos; después salía y se iba caminando hasta la casa. Lo que temía era que lo atraparan una de esas veces y dejar sola a su madre.

Entraba despacito e iba a su cuarto; dejaba la mochila en un armario y se metía en cama.

En la nueva mañana, iba hasta uno de los puestos que compraban cosas y regresaba con billetes.

Hoy día me pagaron” le decía a su madre, que creía siempre que trabajaba como conserje o vigilante y le daba la mitad de lo obtenido.

Una mañana, su madre no se despertó y él supo de inmediato que en su próximo robo no  importaría nada que lo atraparan.

 

CANOA


 

Amazonas-canoa-vertical

La canoa se deslizaba río abajo, sobre las aguas que, obedientes, la llevaban siempre un poco más allá.

Los árboles de las orillas lejanas parecían saludar a su paso y por el cielo azul, sin una nube, volaban de vez en cuando guacamayos que parloteaban al pasar.

La canoa parecía vacía, salvo por el bulto que envuelto en telas pintadas con dibujos geométricos, yacía acomodado en el fondo. El calor arreciaba y mucho más arriba, los hombres volvían a la pequeña aldea, levantada en un claro de la vegetación que forma insistente invadía pronto los espacios, obligando a un desbroce permanente.

Habían puesto en el río la canoa que llevaría al viejo hasta las nubes que hacía el agua que caía, para el último viaje y su entrada a las conversaciones en voz baja.

ARREGLANDO EL OÍDO


CAJA DISCO INFANTIL CASCANUECES.

 

Hace unos días, acomodando una caja, descubrí entre un montón de discos de vinilo, una cajita con tres de 45 rpm, que de inmediato me llevó a esa infancia feliz, en la que mi madre, que amaba la música, se enteró por mí mismo, que me habían peitadido que no cantara el himno nacional en las ceremonias colegiales, porque aunque lo hacía con vos muy fuerte, era tan desorejado que desafinaba a todo el grupo. Es decir que moviera la boca, pero en silencio, que hiciera como si cantara. Estoy seguro que esto la motivó a tratar de educar un rebelde oído musical, cosa que no sé si logró, porque cantar y tocar instrumentos nunca fue lo mío. De pronto me enseñó a escuchar y creo que musicalizó mi oído, aunque mi afinación expresiva siga siendo un desastre hasta hoy, 64 años después.

“El Cascanueces” en una versión de Spike Jones*, fue para mí una verdadera iniciación, pues la música clásica podía ser divertida y recordar a los dibujos animados de Tom & Jerry que a veces pasaban en las matinales del cine Paramount en Barranco…

Por supuesto que mi nulo inglés me impedía saber qué eran “The Nutcracker Suite” o “For the kiddies” o aún “With apologies to Tchaikovsky”.

Miro ahora los discos grabados por ambos lados y sus etiquetas azules  con letras plateadas que dicen “RCA Victor” y que tienen la imagen del perrito frente al gramófono y me invaden nostalgias musicales saltarinas y gratas. Tal vez estén ya en un estado que impida escuchar bien, pero la memoria recreará siempre los sonidos, que asocié una vez a los dibujos animados y que lograron que aunque nunca pudiera emitirlos y producirlos bien con la voz o algún instrumento, aprendiera a escuchar y a disfrutar, compartiendo esos momentos mágicos de los que ya conté otra vez, en que me sentaba a los pies de María Antonieta y escuchábamos juntos música de Beethoven, de Chopin o de Schumann…

Tengo aquí conmigo lo que fue mi verdadera iniciación a la música, parte tan importante de mi vida.

 

 

*Spike Jones: Músico norteamericano y líder de una famosa banda musical que nació en 1910 y falleció en 1965. Se especializó en crear arreglos satíricos de canciones populares y de obras clásicas, que recibían el tratamiento de Jones puntuado por disparos de pistola, cencerros, silbatos y vocalizaciones extrañas.

 

 

 

 

OSCURIDADES


 

Cuadro-Negro 

Tenía dos ojos en la cara, pero no veía; había nacido ciego y no hubo nada que hacer.

La oscuridad era su entorno y su interior; como nunca había visto, no tenía imágenes almacenadas en el cerebro.

Un día, pasados ya cincuenta años, murió.

No llegó a ver la luz, que dicen que se ve al fallecer, porque nunca la había conocido. De la luz sólo sabía por el calor y en ese momento hacía mucho frío.