ESPERE


pistola-humeante

Le habían dicho que esperara, cuando cortésmente volvió a preguntar un tiempo prudencial después, le dijeron que esperara. Fue lo que le dijeron a lo largo del día y al día siguiente y la siguiente semana. Preguntó a otra gente y todos estaban en situación igual: había que esperar.

Se fue pasando el tiempo y él siguió esperando. “De pronto hoy es el día” se decía a sí mismo cuando apenas abrían y se ubicaba paciente en el lugar de siempre; pero no sucedía y había que volver. Transcurrieron los años y la vida se le fue marchitando, hasta que lo llamaron: él se alisó el cabello y lentamente se acercó al escritorio.

Cuando lo tuvo al frente, disparó al secretario.

“Ya no importa, hoy es viernes”, pensó, cuando se lo llevaron.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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