LOS ANILLOS DE SATURNO


Francisco_de_Goya,_Saturno_devorando_a_su_hijo_(1819-1823)_crop

 Vivían en su espacio común, su propio espacio, alejado del mundo o lo que los demás entendían por el mundo.

Llevaban así hacía tanto tiempo que no se acordaban de antes ni tampoco parecía interesarles, porque se sentían bien acompañándose en esa cercanía que sentían los protegía de todo, aunque fuera el mal de ojo más terrible. Recorrían las calles tomados de la mano donde llevaban puesto un anillo que nunca se quitaban; un anillo de acero del que no guardaban ninguna memoria.

Pasaban por la vida comiendo de la basura, abrigándose abrazados y tapados con cartones. Eran una pareja de mendigos que no hacían daño a nadie y al parecer nadie quería hacerles daño, hasta que en la ribera del río, preñado de suciedad, se encontraron con un grupo de fumones que se les echó encima. Les pegaron y ellos se abrazaron, encogiéndose para protegerse, pero las piedras rompieron sus cabezas.

Muertos, les cortaron a ambos el dedo en el que llevaban el anillo de acero, porque fue lo único que llamó la atención de la pequeña horda asesina.

El río, con un ruido sordo de piedras arrastradas y chocando entre sí; con un bramido salvaje, embistió y llevó su furiosa turbulencia hacia el mar, arrastrándolo todo y apagando los gritos.

 

Ilustración: SATURNO DEVORANDO A SU HIJO cuadro de F. de Goya.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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