¿ABRIL ES EL MES MÁS CRUEL?


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 Un cuento de Guillermo Cabrera Infante lleva en afirmativo ese título. Lo tomo prestado, preguntándome si tiene que ser así en el Perú.

Me explico: todos sabemos que en ese mes son las elecciones generales, en las que se decidirá el destino del país por lo menos durante los próximos cinco años y sería una crueldad para con el Perú y los peruanos que lo poquito que se avanzó con esfuerzo, se fuera al tacho porque alguien quiere ver su sueño cumplido.

Hay sueños de distinta índole, pero todos tienen en común la primera persona. Desde el “Yo seré el presidente del Bicentenario” hasta un “Lo único que me falta es ser presidente del Perú”. Pasan por ese caudillismo que implica no ver más allá de sus narices y ser sordo para lo que no son los vítores de sus portátiles; pasan por pensar en sí mismos y disfrazarlo con un casi lacrimógeno amor por la Patria que los lleva directo al sacrificio.

Como diría un profesor, ya estamos grandecitos; hemos visto y sufrido muchas cosas para creer en cantos de sirena. No es con grandes palabras que van a convencer, ni con cemento repartido por aquí y por allá; tampoco con sospechosos éxitos. El Perú necesita mucho más que palabras, mucho más que promesas de emprendedores truchos, mucho más que acciones que beneficien a unos cuantos.

Hay que pensarlo bien y no botar el voto; no echarlo a la basura para que sirva de abono de mentiras y caldo de cultivo de desgracias futuras.

Hay que pensar que el Perú es un país; no un botín, ni la chacra de nadie. Y decirlo bien alto el 10 de abril.